Cuando los focos se apagan

Raquel Touriño PRESIDENTA DE FEMUPO (FEDERACIÓN POLA IGUALDADE DAS MULLERES DA PROVINCIA DE PONTEVEDRA)

OPINIÓN

María Pedreda

Cada verano repetimos los mismos consejos: vigila tu copa, no vuelvas sola, ten el móvil cargado, avisa cuando llegues, cambia de acera si te sientes incómoda, no vayas por lugares oscuros... Nos hemos acostumbrado tanto a estas recomendaciones que casi han dejado de parecernos extraordinarias. Pero lo son. Porque detrás de cada una de ellas hay una realidad que no deberíamos normalizar: que demasiadas mujeres siguen adaptando su libertad para sentirse un poco más seguras.

El verano es sinónimo de descanso, de fiestas, de viajes, de terrazas y de encuentros. Debería ser un tiempo para disfrutar sin miedo. Sin embargo, también es una época en la que aumentan determinadas formas de violencia, desde el acoso hasta las agresiones sexuales, pasando por el control en las relaciones de pareja, la violencia digital o la violencia psicológica, que muchas veces se intensifica durante las vacaciones.

Pero la violencia contra las mujeres no entiende de estaciones. Lo que cambia en verano es que las rutinas desaparecen, los recursos parecen más lejanos y muchas mujeres sienten que están más solas. En estas fechas proliferan los puntos violeta en fiestas y eventos. Y es una buena noticia que las administraciones quieran incorporar espacios de prevención y atención. Pero conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿estamos apostando por recursos eficaces o simplemente por cumplir con una foto?

Con demasiada frecuencia se pretende que estos espacios funcionen gracias al voluntariado o se considera que cualquier persona puede atender una situación de violencia machista sin la formación adecuada. La prevención no puede depender únicamente de la buena voluntad. Requiere profesionales formadas, protocolos claros, coordinación con los servicios de emergencia y un compromiso real por parte de las instituciones.

La prevención de la violencia machista debe entenderse como un servicio integral. Un punto violeta no debería ser únicamente un lugar al que acudir cuando ya ha ocurrido una agresión; debe formar parte del propio festival, integrarse en su planificación y convertirse en una herramienta activa de prevención. Eso implica trabajar antes, durante y después del evento; formar a la organización, al personal de seguridad, a quienes atienden las barras, a las personas colaboradoras y a todas aquellas que pueden convertirse en el primer apoyo de una víctima. Significa detectar situaciones de riesgo, sensibilizar, informar, y generar espacios donde el respeto sea una responsabilidad compartida.

Pero también significa algo que a menudo se olvida: la atención no puede terminar cuando acaba la fiesta. Las mujeres que se acercan a un punto violeta necesitan saber que, cuando se apagan los focos y se desmontan las carpas, el recurso sigue ahí. Que existe una entidad que continúa acompañándolas, orientándolas y sosteniéndolas en los días, semanas o meses posteriores, si lo necesitan.

La prevención no dura unas horas ni cabe en un stand. En Femupo construimos redes que permanecen cuando acaba el evento, cuando termina el verano y cuando el ruido desaparece. Trabajamos para que ninguna mujer tenga que empezar de cero cuando decide pedir ayuda y para que cada intervención tenga continuidad, seguimiento y acompañamiento profesional. Nuestro objetivo no es únicamente intervenir cuando algo sucede, sino evitar que llegue a suceder.

Es importante recordar que ninguna mujer tiene por qué enfrentarse sola a una situación de violencia, de miedo o de incertidumbre. A veces no hace falta una denuncia inmediata; lo primero es alguien que escuche, que crea, que informe y que acompañe.

Prevenir también es crear comunidad. Es hablar de estos temas antes de que ocurran. Es educar a nuestros hijos e hijas en el respeto. Es intervenir cuando presenciamos una situación de acoso. Es dejar de mirar hacia otro lado.

Ojalá este verano todas podamos disfrutar con libertad. Pero si esa libertad se ve amenazada, que ninguna mujer olvide que existen personas y entidades dispuestas a tenderle la mano.