Unas cuantas voces con relevancia en el espacio público empiezan a señalar el alcance de la oscuridad que nos acecha. Comparten la percepción de que la humanidad avanza hacia la desolación, en un camino que ya emprendió en el pasado, contra el que parecíamos haber puesto barricadas firmes pero que ahora se abre ante nuestros ojos sin que nadie parezca estar dispuesto a impedirlo de verdad. Uno de ellos es Russell T Davis, insigne creador de la seminal Queer as folk, que ahora nos abofetea fuerte con Tip and toe (De puntillas), brutalísima y descorazonadora historia sobre la regresión de los derechos queer que parecíamos haber normalizado en los noventa. «Hemos salido del armario y nos hemos quedado a la intemperie», sentencia un descomunal Alan Cumming en una frase llamada a convertirse en lema y que resume toda la aspereza terrible de una historia que acaba de la peor manera.
El otro es Emmanuelle Carrere, que tras aquel éxito descomunal de El adversario escribe ahora en Koljós sobre su familia rusa y apunta: «Formo parte de ese grupo de personas, cada vez más numeroso, que están convencidas de que nos encaminamos a una catástrofe histórica sin precedentes: el hundimiento de nuestra civilización si somos optimistas o la extinción de nuestra especie si nos ponemos en lo peor».
Determinar si Carrere y Davis serán unos de los pocos que se percataron de lo que venía mientras los demás seguimos sedados por un bienestar que se quiebra ante nuestros ojos es cuestión de tiempo. Pero hay tantas evidencias de distopía a nuestro alrededor que a veces se presiente el escalofrío. Los nazis de Alternativa por Alemania pueden arrasar en la Baja Sajonia, Trump coquetea con presentarse de nuevo, Le Pen a las puertas del Elíseo, un individuo como De la Espriella a los mandos de Colombia…