Progresismo y control de periodistas

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en el Congreso de los Diputados.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en el Congreso de los Diputados. Chema Moya | EFE

El Ministerio del Interior ha reconocido la existencia de un dosier secreto en el que se encuentran fichados decenas de periodistas, clasificados según su ideología, simpatías o querencias. La noticia la desveló El Confidencial. Según este diario digital, el dosier se llama «Tertulianos. Radio y Televisión» y se concluyó en el 2024. A lo largo del mismo se escriben apreciaciones como «afín al PSOE», «tendencia conservadora», «independiente», «es de centro derecha moderado», «periodista polémica», «extrema derecha», «desinformación» y muchas más.

En cada ficha recogida se añadió también una foto del redactor de turno. El encargo de este trabajo se hizo desde la oficina de comunicación del ministerio en diciembre del 2023. Entonces se reunieron quince personas del departamento y acordaron la elaboración de una clasificación de periodistas según sus ideas políticas. Y fíjense si la idea ya tenía cierto tufillo fascistoide que varias de las personas allí presentes se negaron a participar en la iniciativa alegando que se trataba de una acción anticonstitucional.

Ahora, el Ministerio del Interior reconoce la existencia del citado informe, pero, cómo no, excluyen a Grande-Marlaska de cualquier responsabilidad sobre su génesis. Es decir, que al igual que sucedió con la invasión de Ceuta, el ministro no se enteró de nada de lo que estaba aconteciendo. Justo lo que se requiere de un cargo como el suyo: estar lo más informado posible.

El progresismo lleva a gala tener como pilares básicos de su sustento sólidos principios. Se basa en la defensa de derechos para la ciudadanía, el respeto a las libertades y la igualdad de oportunidades para todos. Este dosier de periodistas amigos, indiferentes o enemigos va en contra de toda la parafernalia de la progresía, porque divide a la prensa entre buenos y malos según su sesgo o forma de entender la realidad. Este intento de control de los medios por parte del Gobierno es más propio de aquellos que no creen en los valores de una sociedad que vive en libertad.

Pero volvamos a Fernando Grande-Marlaska. Su fichaje por parte de Pedro Sánchez fue considerado por todos un gran acierto. El antaño juez se había labrado un gran prestigio en su carrera profesional. Izquierdas y derechas admiraban su valentía y buen hacer en la lucha contra ETA y su entorno. Pero desde que es ministro su fachada de solvencia se ha desmoronado poco a poco, hasta llegar a un punto en el que carece de credibilidad y en el que se ha convertido en un fiel reflejo del agrietado Gobierno de Pedro Sánchez. Marlaska ya no tiene crédito y lo que le faltaba era que en un departamento bajo sus órdenes se elaboraran listas negras de la prensa sin que él se enterara. ¿De verdad era necesario clasificar de forma secreta a los periodistas? ¿Es progresista hacer una ficha con la cara de una persona y su orientación política? ¿Con qué finalidad se hacen tales clasificaciones? ¿Se han tomado decisiones en base al documento secreto? Y si se han tomado, ¿cuáles son?

Pedro Sánchez y Marlaska han conseguido convertir la palabra progresismo en una milonga.