La bruma de la melancolía

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

El presidente Pedro Sánchez durante la sesión plenaria del 3 de septiembre sobre Ceuta
El presidente Pedro Sánchez durante la sesión plenaria del 3 de septiembre sobre Ceuta Eduardo Parra | EUROPAPRESS

Ya asoma en lontananza. Pasará esta semana y el otoño se abalanzará sobre el territorio como una nube, o como esa niebla que en ocasiones nos cubre con su capa. El bolsillo no estará lleno. Los gastos del colegio, las vacaciones pasadas y el cruel ritmo de los precios, nos asediarán. En política todo seguirá igual, o parecido. He llegado al convencimiento de que pase lo que pase ya no pasa nada. Un país que lleva toda la legislatura sin presupuestos y con un Gobierno sin mayoría parlamentaria es un país políticamente insólito, extravagante y con escaso apego a los preceptos de la democracia: uno de ellos señala que sin presupuestos no se puede gobernar y es preciso convocar elecciones. Esto no solo lo dice el sentido común, sino que lo aseveraba hace pocos años el actual presidente del Gobierno. Aseveraba tantas cosas, y todas tan llenas de razón cuando transitaba por la oposición, que contemplar su recorrido en sus ocho años de mandato constituye un verdadero ejercicio de perplejidad.

El asombro y la melancolía irán de la mano este septiembre y durante todo el curso político. Uno se asombra, y se torna melancólico, cuando se critica voz en alto los resultados obtenidos por la extrema derecha en Alemania y, sin embargo, se calla ante un país que nos ha enviado a 80.000 de sus ciudadanos. Incluso hay quien defiende a Marruecos. La Alta Sajonia, que ha votado lo que le ha venido en gana, es un enemigo de la democracia. Sin embargo el país que nos amenaza constantemente y que asegura que dos de nuestras ciudades acabarán en sus manos, es un socio leal y que solo nos otorga confianza. ¿Qué se hará con los miles de personas que todavía deambulan por Ceuta? Algunos miembros de la izquierda, incluso los más incondicionales, ya han dado solución: repartirlos entre todas las autonomías españolas. Llama la atención que muchos de ellos vivan en urbanizaciones lujosas y seguras. También que envíen a sus hijos a colegios de élite exclusivos, en España o el extranjero. Son los mismos que reniegan de las universidades privadas pero que no ponen reparos a obtener títulos en ellas. Paradojas de este país contradictorio, por no decir incoherente y desatinado.

La política ya no alberga un ápice de melancolía. Y no le vendría mal: dejarse ir en un hálito de languidez y postración. Se olvidarían tal vez las declaraciones irracionales, el griterío y el alboroto al que ya nos tiene acostumbrados. Pero no hay manera. Todo es imposible. Se han polarizado tanto las posiciones que ya solo queda adscribirse a uno o a otro lado. Y si no te adscribes, alguien habrá que lo haga. Vivimos tiempos de negro o blanco. No hay mitades ni medios. Igual que apenas existe ya la clase media: cada año se estrecha un poco más, debido a las suntuosas cargas impositivas. El poder adquisitivo mengua, a pesar de los números que nos ofrece la macroeconomía. El futuro lo veo neblinoso. Será la bruma de la melancolía.