Hace calor

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

María Pedreda

El otro día hacía mucho calor y eso es tremendo, te pueden pasar cosas malas. No sé si es el cambio climático, pero mucha gente parece que tiene el cerebro frito; no daré ejemplos concretos para no polarizar. Es verdad que hay partidos que niegan que estemos ante una emergencia climática «porque el clima está en constante evolución», pero esas neuronas ya venían fritas de serie.

Recordando la clarividencia de Forrest Gump («tonto es el que dice tonterías»), hay quien afirmó: «Esto pasó toda la vida. Aunque los episodios de calor no son excepcionales, los datos indican que estos fenómenos aparecen cada vez con mayor frecuencia y, en algunos casos, con mayor intensidad». Caramba, tiene razón Forrest.

Unos días atrás hacía mucho calor. Más de 35 grados en A Coruña, 33 en Ferrol y algo así en mi pueblo. Allí todo el mundo andaba a la sombra y las tradicionales tapas de callos y caldo del fin de semana mutaron en ensaladilla, pero al parecer «esto siempre pasó». Una vez superada la crisis, los mayores afirmaban «nunca viramos nada igual a o de onte».

Yo estaba leyendo La Voz con un ventilador sobre mi cabeza y un pañuelo mojado al cuello, pero aun así se me estaba licuando el lóbulo frontal. De pronto, por una calle del pueblo me pareció ver bajar un perro de carreras, malinois para más señas, arrastrando un banco de madera de cerca de dos metros; me recordaba las cuadrigas de la película Ben Hur.

El fenómeno no es común, por lo que, preocupado por mi salud, me acerqué a unos vecinos para decirles que tuvieran cuidado con el calor porque yo tenía alucinaciones: creí haber visto un perro joven arrastrando un banco de grandes dimensiones, les dije. Al final me aclararon que ellos también lo habían visto.

Al parecer, una joven responsable buscaba agua para darle de beber al cánido y lo dejó atado a un banco en la calle mientras iba a pedir agua al bar. El animal, frito y ante la ausencia de la dueña, decidió tomarse la justicia por su mano y desplazarse a la plaza para que le dieran agua. ¿Y el banco? ¡Qué es eso para un cachorro pastor belga malinois!

Después supe que, gracias al arrojo de José, un vecino del pueblo, el perro se controló y se evitó así que el banco, que giraba en la plaza en sentido contrario a las agujas del reloj, se llevará por delante a unas decenas de turistas que disfrutaban del calor en las terrazas. Por fortuna, todo acabo bien y mi amigo Luis, que tiene un malinois, me dijo: «Esto no se lo va a creer nadie».

Me tranquilizó saber que lo que había visto era real, pero me inquietó pensar que esto es lo que tiene el verano ahora, unos días te cueces y otros te fríes. Como casi siempre, los mayores tienen razón. Al atardecer salí a pasear a mi perra Turba y un vecino me dijo: «Ten coidado co calor que pola mañán pareceume ver un can arrastrando un banco».

Mientras caminaba, pensé si lo del perro y el banco tiene algún significado que yo no entiendo, pero que no me digan que pasó toda la vida porque es la primera vez que veo un banco persiguiendo a un perro.