A mí todo esto de la crisis de la vivienda me parece un poco como el cambio climático, que se viene anunciando desde hace algunos lustros y parece que va a acabar llegando. Como el globo que se infla y se infla o el cántaro ese que va mucho a la fuente. Pero no es, como mucha gente cree, un problema de nuestro siglo. Cuando Maricarmen tenía 30 años y ya llevaba más de diez en Sainz de Baranda —allá por 1959—, Marco Ferreri estrenaba en España la película El pisito, con guion de Rafael Azcona y protagonizada por el grandioso José Luis López Vázquez y su novia Petrita. El asunto va de que la pareja busca desesperadamente una maceta donde plantar su amor y dejar que florezca; es decir, un piso. Y acaba con que el novio de Petrita se casa con su patrona que vive alquilada y tiene la misma edad de Maricarmen —ahora, no entonces— con el propósito de subrogarse al contrato de arrendamiento ante el inevitable futuro fallecimiento. Y bueno, ya se imaginarán que el futuro se alarga. Pocos años después, Azcona escribe para Berlanga El verdugo, y, también allí, la culpa de todo la tiene la vivienda, pues Nino Manfredi se hace de la profesión de su suegro, que da título a la cinta, para heredarle el derecho a comprar un piso donde dedicarse a la cría de mocosos molestos y gritones. En plena crisis de la vivienda, el próximo día 26, Azcona cumpliría cien años, y algunos editores, cinéfilos y cineastas lo vamos a celebrar a su salud, y a la de Petrita y Rodolfo, también llamado José Luis.