La izquierda busca piso
OPINIÓN
La izquierda española tiene un problema de vivienda. No, no es lo que parece: sus dirigentes tienen dificultades para encontrar una casa común donde colocar las siglas, repartir las habitaciones y decidir quién se queda con las llaves. Mientras miles de ciudadanos buscan un alquiler que no les obligue a vivir de prestado, Podemos, Sumar, Izquierda Unida y compañía buscan la fórmula para compartir candidatura sin que nadie tenga que dormir en el sofá.
La escena tiene su retranca. Fuera, la gente no puede emanciparse. Dentro, los partidos no consiguen emanciparse de sí mismos. Y, sin embargo, la vivienda ofrece una oportunidad política extraordinaria. El joven que no puede independizarse, la familia que entrega medio sueldo al casero y el trabajador que se marcha a vivir a cuarenta kilómetros de su empleo no necesitan compartir ideología para compartir problema. El precio del alquiler no consulta el carné de militante antes de pasar la factura.
Ahí debería empezar cualquier refundación de la izquierda: en las asociaciones vecinales, las plataformas de inquilinos, los sindicatos, las cooperativas y los movimientos ciudadanos. En quienes se organizan porque tienen problemas reales, no porque alguien haya convocado un congreso. Los partidos son necesarios. Las elecciones también. Pero una cosa es representar a la sociedad y otra muy distinta pretender que la sociedad existe para proporcionar representación a los partidos. La diferencia parece sencilla, aunque en algunas sedes todavía debe de estar pendiente de una comisión de estudio.
Ahora llega la convocatoria electoral y vuelven las urgencias: primarias, candidatos, listas, marcas y puestos. Todo muy democrático, siempre que nadie pregunte quién ha decidido el orden del día. El riesgo es confundir la unidad electoral con la renovación política. Juntar cinco organizaciones no garantiza construir una sociedad organizada; a veces solo permite celebrar cinco ruedas de prensa con una fotografía más ancha. Un frente amplio no se mide por el número de siglas que caben en el cartel, sino por la capacidad de incorporar a quienes nunca han tenido despacho, pero sí problemas que resolver.
La verdadera renovación exige construir desde abajo, sin convertir las asociaciones en sucursales electorales ni los movimientos sociales en figurantes de campaña. Porque la política no empieza cuando se convocan elecciones. Empieza cuando los ciudadanos descubren que solos no pueden resolver determinados problemas y deciden organizarse.
Quizá la izquierda debería dejar de discutir tanto sobre quién encabeza la candidatura y preguntarse quién está encabezando las preocupaciones de la calle. De lo contrario, cuando terminen de repartirse las habitaciones, puede que los ciudadanos ya hayan encontrado alojamiento en otra parte. Porque la izquierda no necesita solamente una casa común. Necesita comprender por qué tanta gente sigue sin poder pagar la suya.