Paz, casa, trabajo

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Irene Montero atiende a los medios tras el anuncio de elecciones generales anticipadas.
Irene Montero atiende a los medios tras el anuncio de elecciones generales anticipadas. Diego Radamés | EUROPAPRESS

Si no lo leo, no lo creo. Mientras A Coruña huele todavía al gas pimienta del miércoles por la noche, el «Paz, casa y trabajo» de Irene Montero se escurre de forma definitiva al recuerdo de Barrio Sésamo. No sé si por edad la exministra llegó a recibir las insondables lecciones de Coco, pero esa cucada con la que pretenden compensar su insensata capacidad para ponerse de acuerdo constata que Podemos se ha quedado políticamente atrapado en la fase oral. Que aquella gente normal convertida en guerrera que iba a asaltar los cielos, que aquellos que refrescaron la política del 2011 y convencieron a cinco millones de personas de ser una alternativa, los mismos que llegaron a ocupar 71 escaños en el Congreso, que esas personas hayan decidido resumir su acción política presente en ese «Paz, casa y trabajo» es entre entrañable y desolador.

El tridente no funciona ni como provocación evocadora del «Una, grande y libre»; ni como adaptación posmoderna del «Libertad, igualdad y fraternidad», ni siquiera como evolución del «Veni, vidi, vici» que podría haber resumido la peripecia extraordinaria y exprés de aquel primer Podemos.

En el firme camino que han emprendido hacia la irrelevancia, Montero asoma con la sonrisa puesta y con la denodada intención de darle trascendencia al candoroso ingenio publicitario. «¡Paz, casa y trabajo!», proclama Irene con el ímpetu que los antifascistas prestaron a su «Tierra y libertad», incluso con la convicción del «Yes we can» de Obama que ellos mismos plagiaron en el 2014; del «Salud y república»; del «Denantes mortos que escravos» y, si me pones, hasta del turbador «Make America great again». Yo digo que, en lugar de usar ese irrebatible «Paz, casa y trabajo», habrían rachado con un «Os pedimos perdón», o con un ripio infantil de verdad: «Caca, culo, pedo, pis».