CONTRAPUNTO | O |

06 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

ES UN sino de la vida. Se llevan los oropeles los que figuran y no los que son. Por eso semeja un soplo de aire fresco que la UGT haya reconocido la labor que Carlos Bragado prestó a Ourense. Siempre sin dosis de protagonismo. En el aplauso real que escuchó ayer en el Ateneo estaban las palmas de los anónimos ourensanos a los que les gusta que se valore, como en Bragado, la modestia eficaz.