El teatro es de los actores

Pepe Seoane OURENSE

OURENSE

Crónica | Una mirada crítica al cine y la televisión Luis Tosar y Antonio Durán «Morris» compartieron experiencias en una mesa redonda en la última jornada de la Mostra Internacional de Teatro Universitario

02 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El cine es fascinante y la televisión es un soporte fundamental, sobre todo en el aspecto económico, pero el teatro, siempre el teatro, es como la savia que mantiene vivo al actor. Y fresco. La Miteu, la Mostra Internacional del Teatro Universitario, que este año ha llegado a su novena edición, tuvo ayer invitados de lujo, con la presencia de dos de los actores fundamentales de Galicia, Luis Tosar y Antonio Durán, Morris , que compartieron experiencias y trasladaron impresiones personales a los asistentes a una mesa redonda en la que también participó el director de cine Manuel Martín Cuenca y el director de la Mostra, Fernando Dacosta. Ante un público con evidente interés por el teatro, Morris dejó claro que, a su juicio, esta disciplina, el teatro, es como el entrenamiento al que, en algún momento, ha de volver cualquier actor para recuperar la esencia del contacto; no sólo con el público, sino, casi, con la vida. Para estar en forma, en fin. Luis Tosar, el xuíz de Portozás de la serie Mareas Vivas y actor que en los últimos años ha tenido una extraordinaria proyección en el ámbito cinematográfico, con un premio Goya como reconociminto a su interpretación en la película «Te doy mis ojos», confesó ayer que al actor le falta algo fundamental cuando lleva mucho tiempo haciendo cine o enfrascado en proyectos de televisión: el público no está al alcance de la mano. Ni de los ojos. Llega un momento, dijo, en que el actor tiene mono de escenario, síndrome de abstinencia. Efecto rebote Este reconocido actor, con papeles importantes en películas como Flores de otro mundo, La vida que te espera, o La flaqueza del bolchevique, no dejó de reconocer que el actor vuelve en ocasiones al teatro, por un efecto rebote, en la medida en la que no acabe de quedar plenamente satisfecho con el trabajo para cine o televisión. Como dijo Morris, con un guiño de complicidad que fue celebrado por los asistentes, un actor puede acabar cansándose de un personaje que reiteradamente se dedica a «pedir nécoras e cervexa». El director de cine Manuel Martín Cuenca, por su parte, justificó esa mirada atrás del actor, ese deseo de volver al teatro, porque es en este género en el que el actor es dueño de todo, mientras que en cine entran en juego otros elementos y el papel del director acaba siendo determinante para el resultado final. Aseguró el primer responsable de El director de La flaqueza del bolchevique que en la acertada selección de actores para una película está la tercera parte del éxito o el fracaso. El proyecto y el medio Las intervenciones y el coloquio posterior con el público dejó claro que, al menos los dos actores participantes, creen más en los proyectos que en los medios propiamente dicho. Mejor trabajar, como afirmó Morris, en un buen programa de televisión, antes que en una mala película. Y preferible una buena obra de teatro a una mala serie de televisión. El cineasta, por su parte, defendió su trabajo por la esencia misma del llamado séptimo arte. Que el director, en la fase final del montaje, corte y seleccione, es algo que que sólo busca lo mejor, con respeto al trabajo del actor, pero supeditado al resultado final. Y tan amigos.