Elegía y tributo

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

MIGUEL VILLAR

EL ARTE EN OURENSE | O |

03 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Coinciden en este comentario dos exposiciones de gran aliento: la una, pictórica, se cifra en la elegía -la expresión del dolor lacerante-; mientras que la otra, fotográfica, lo hace en el tributo -como expresión de homenaje-. Una y otra se enfrentan al drama del mundo, respectivamente. Aunque la primera lo plantea y la segunda lo resuelve. Un tríptico misterioso En la segunda de las plantas que alberga el aula de cultura de Caixanova , expone hasta el 16 de mayo Leopoldo Nóvoa (Salcedo -Pontevedra-, 1919), bajo el título Obras para una década (1993-2003). Se trata de una exposición itinerante, que viene ya de Pontevedra. Y se anuncia la muestra, justo en el vestíbulo del edificio, con la obra de la propia colección del artista titulada Elegía : un tríptico dedicado a la Cruz, cuya interpretación -como corresponde al arte que practica- queda a cargo del público visitante. Nóvoa ha vivido en Uruguay, Argentina y Francia; reside en Nogent sur Marne (Francia) y está por temporadas en su casa-taller de La Paz de Armenteira (Pontevedra). Es un artista de primer nivel artístico internacional. Así, Fátima Otero le califica como «uno de los más brillantes y universales pintores gallegos». Entre sus exposiciones individuales, me limito aquí a señalar sólo varias, que nos caen más cerca y resultan especialmente significativas: tuvieron lugar en la galería de Juana Mordó, de Madrid (en 1978 y 1986), Arco (1988) y el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC), de Santiago (1997). Tiene este artista, por otra parte, murales importantes: el de Estadio del Cerro, en Montevideo; y, en Galicia, el de la Cantera de la Avenida de Arteixo (A Coruña) y el titulado Espacio: crómlech ocupado , de los jardines de Santo Domingo de Bonaval, en Santiago. Puede decirse que Nóvoa aúna en sí mismo toda una serie de tendencias y matices de una importante parte de la pintura actual: el informalismo -superación de la abstracción pura y simple, a raíz de la guerra mundial-, tanto matérico como espacialista, y, asimismo, el expresionismo abstracto norteamericano, a más del minimalismo, de un lado, y el conceptalismo, de otro. Sus monocromatismos o cromatismos neutros, sus acumulaciones de empastes, sus orificios y cortes de las telas, sus aportaciones de materiales extrapictóricos -tierra, arena, clavos, cordeles, maderas, cenizas, cristales de colores, etc.-, reflejan un mundo y unas raíces que exceden este medido y sintético comentario. Santidad en blanco y negro También en el aula cultural de Caixanova -pero en su primera planta- se puede contemplar hasta el 15 de mayo la muestra fotográfica titulada Madre -tributo a Teresa de Calcuta, presentada por Manos Unidas . Son un total de sesenta fotografías de buen formato en blanco y negro, que tienen por objeto a la Madre Teresa de Calcuta -Premio Nobel de la Paz 1979, ya beatificada y en vísperas de ser enseguida canonizada en Roma-, así como a su obra: la congregación de las Misioneras de la Caridad. El reportero fotográfico autor del reportaje fue el italiano Mario Podestà, un profesional de altísimo vuelo, fallecido en Irak hará un año, al parecer de accidente de circulación. Este fotógrafo, entrevistó también a personajes tan variados como Indira Gandhi, Richard Nixon, Idi Amin, Yasser Arafat, Hussein de Jordania y Salvador Dalí. A Teresa de Calcuta, parece haberla fotografiado de rodillas, como se dice que Fra Angélico pintaba el Cielo.