Crónica | Al volante con un par de cervezas Un vecino de Entrimo, que conducía el vehículo pese a tener retirado el permiso por sentencia judicial, superó en seis veces la tasa máxima de alcoholemia permitida
05 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Francisco Mariñeiro, de 43 años, aceptó en noviembre del 2003 una condena que lo priva del permiso de conducir un año y un día, por un positivo en un control de alcoholemia. Hace hoy un mes, el 6 de abril, su presencia en Entrimo, a bordo de un tractor, haciendo eses por la vía principal, resultó tan llamativa que intervino la Guardia Civil. Primero, fue interceptado por una patrulla del puesto de Lobios. Luego, al sospechar los agentes que estaba borracho, acudió al lugar una dotación del destacamento de tráfico. El conductor sopló. Y el etilómetro dio un resultado espectacular: 1,60 gramos por litro de aire espirado, es decir, seis veces por encima del límite máximo permitido de 0,25 miligramos. Los guardias inmovilizaron el vehículo, al considerar, a la luz del aparatoso resultado del control, que el conductor no estaba en condiciones, pero, más tarde, cuando fueron a comprobar si el vehículo seguía allí, había desaparecido. Peculiar encendido ¿Quién lo retiró y cómo lo encendió? Ninguno de los guardias que ayer declararon en el juicio lo sabe. Pero sospechan que fue el acusado, pues, al parecer, el sistema de encendido del Lander 730 DT estaba tan deteriorado, o había alcanzado tal punto de sofisticación, según se mire, que hasta una moneda podía cumplir las funciones de llave para el contacto. Tal cual. ¿Y qué hizo el implicado, cuando los guardias le dijeron que entregase las llaves, pues no podía conducir? Ir al bar más próximo, según un agente. Antes, de acuerdo con la declaración del imputado el pasado 22 de abril en el Juzgado de Bande, había tomado dos, una en la frontera y otra en Entrimo. De borracho, nada. ¿Y el tractor? Ni suyo era. Aún figura a nombre de la madre del acusado, fallecida seis años atrás. Y no lleva papeles del seguro porque así «evita que se manchen». Que la tasa de alcoholemia era elevada es indiscutible, pero no por ello dejó uno de los guardias de indicar que el acusaba estaba menos perjudicado de lo que cabía esperar. Un ciudadano normal no se mantendría en pie, pero éste se defendía. Tal vez por estar acostumbrado a ingerir alcohol, sugirió el funcionario. Con tan negro horizonte, el acusado no se presentó a juicio. Llamó por teléfono, eso sí, instantes antes de la hora señalada para la vista. Dijo que se encontraba mal. El juicio se celebró igual, pues no era necesaria su asistencia. Sin argumentos A su abogado, vendido sin la declaración en directo del acusado, le tocó capear el temporal de la mejor manera posible. Y así, frente al delito contra la seguridad del tráfico, por la alcoholemia, que para la fiscal merece una suspensión de permiso de conducir durante cuatro años, aparte de una multa de 6.480 euros, pidió la libre absolución, amparándose en que Francisco fue interceptado sin que estuviese conduciendo el tractor de un modo efectivo, sino que lo había estacionado en el arcén de la carretera mientras iba al supermercado. Menos fácil era el quebrantamiento de condena, conducir con el permiso. «Alguien tiene que hacer el trabajo de casa», se había justificado el acusado cuando acudió al juzgado de instrucción. Trabaja en el campo, en las fincas familiares y sin percibir remuneración directa alguna. El letrado aceptó una multa. La acusación se completa, en fin, con una falta de desobediencia, al imputar la fiscalía que el implicado se llevó el tractor cuando estaba inmovilizado, algo sobre lo que nadie le preguntó en su única declaración, ni él tampoco pudo negar ayer, pues no se presentó a la vista. El juez valorará. Y dirá.