CONTRAPUNTO
21 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.¡NO me lo puedo creer! No creo en la ruptura del PP en Ourense ni creo en la resurrección de Centristas. Y no lo creo no por razones políticas (que también) sino por razones humanas. Baltar (padre) es un ser humano y no un ser mitológico. Esa humanidad le impide tanto devorar a sus hijos, cual Saturno, como matar a su padre, cual Bruto. Durante los últimos quince años Baltar fue el padre del PP ourensano. Lo tuteló con mimo desde que nació de aquel difícil matrimonio de Alianza Popular y Centristas. Lo llevó a las mayores cotas de bienestar y lo instaló en el Olimpo de la política gallega. ¿Va, ahora, cual Abraham, a matarlo porque se lo pide su señor Cuíña? Creo que no. Como creo que tampoco soportaría la mirada de Fraga cuando éste, intuyendo la puñalada final, le dijese, cual Bruto a Julio César: «Tú también, hijo mío». Baltar es de otra pasta. No es un tránsfuga, ni un felón, ni un traidor. ¿Cómo va Baltar a abandonar el partido que le encumbró a las alturas? ¿Cómo puede pasarse al grupo mixto quedándose con la llave de la caja fuerte de la Diputación que le había entregado el PP? Baltar sabe que todo el poder que él tiene en Ourense lo consiguió con el apoyo ciego de Fraga. Fraga le apoyó desde el inicio hasta hacerlo grande. Le apoyó cuando sacrificó a Pérez Vidal y a Victorino. Le apoyó cuando llenó las instituciones públicas de recomendados. Le apoyó en la trifulca económica de C D Ourense. Le apoyó en la absorción de Caixa Ourense. Baltar hizo en Ourense lo que quiso. Y lo sabe. Como sabe que durante 14 años quien controló las inversiones de la Xunta en Ourense fue un tal Cuíña. Baltar también sabe que la sociedad hay que dirigirla desde estructuras fuertes y no desde partidos personalistas. Baltar sabe tanto que no me creo nada lo de la resurrección de Centristas.