Los aplausos se tornan silbidos

| JOSÉ MANUEL RUBÍN |

OURENSE

CONTRAPUNTO

22 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

NADIE sabía nada. Los alcaldes de la provincia, detentadores de la responsabilidad más próxima dada por los ourensanos, no sabían nada. Desconocían los aldraxes de la Xunta a la provincia y desconocían la conveniencia de romper con el partido que les aupó al poder. Se enteraron, como Felipe González en sus momentos duros, por la prensa. A pesar del desconocimiento, se posicionan al lado de Baltar, la persona que ayer decía «soy un peón de Fraga» y que hoy ha decidido echarle un pulso al patrón. A la mayoría de esos alcaldes todavía le duelen las manos de aplaudir a Fraga en la última visita a su concello y de agradecerles el centro de salud, o el pabellón deportivo, o la piscina, o la casa consistorial, o la... Ahora los aplausos se tornan en silbidos. El que era paradigma de buen gobernante pasa a ser el mortificador de Ourense. Como por arte de magia. En la crisis del PP, eufemismos al margen, tan sólo subyacen intereses personales, cuando no caprichos. Esta crisis pone en peligro la unidad del PP pero, lo que es más importante, vulnera el concepto de democracia (el poder radica en el pueblo). A los militantes del PP nadie les consultó a pesar de que el líder de la revuelta, e hijo de Baltar (¡qué gran verdad que por un hijo nos lanzamos al precipicio!), haya dicho que «el PP de Ourense se caracteriza por dar cabida a todas las opiniones, por ser un foro de discusión y debate». No hubo reuniones previas. No hubo asambleas. No hubo congresos. No hubo análisis de cómo quedará Ourense al margen de partido que gobierna en Galicia. No hubo análisis de cómo se gobernarán los concellos. Pura improvisación. Puro capricho. Puro papanatismo de quienes están preocupados por lo suyo y no por lo de todos.