CONTRAPUNTO
13 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EL conflicto de Valeo empezó como una preocupación. Más de doscientas personas se quedaban sin trabajo porque una multinacional que en su día había apostado por Ourense decidió buscar mayor rentabilidad a su asentamiento. Las primeras intervenciones de los representantes de los ourensanos fueron de apoyo y solidaridad. Se movilizaron los políticos (los del poder y los de la oposición) para buscar las salidas más ventajosas. Son muchas decenas de familias afectadas y la economía de la provincia no puede permitirse el lujo de perder tantos puestos de trabajo. A medida que se fue avanzando en la negociación los trabajadores de Valeo (para ser justos habrá que decir que su comité de empresa) empezaron a radicalizar posiciones. Sin criterio, sin planificación, sin permitir que los sindicatos (consagrados en la Constitución como la eficaz herramienta de defensa de los trabajadores) entrasen en la negociación, moviéndose más por impulsos de las vísceras que del cerebro, llevaron el problema a un callejón sin salida. Secuestrar diputados (los legítimos representantes de los ciudadanos que con sus impuestos tienen que abonar el paro y las indemnizaciones a los productores de Valeo) o a ejecutivos, no son la mejor herramienta para conseguir el objetivo de que les recoloquen en otro lugar. ¿Qué empresa querrá a un trabajador que retiene por la fuerza a sus jefes y a los dirigentes políticos? Con tanto despropósito tan sólo consiguen que los ourensanos pasen de la solidaridad a la antipatía.