El valor del original y del esfuerzo

ANTONIO TABARÉS LEZCANO

OURENSE

PUNTO DE VISTA | O |

02 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

A PRINCIPIOS de los noventa --¡del siglo pasado¡- se construía en el polígono de San Cibrao parte de la infraestructura de lo que sería Parque Tecnológico de Galicia. Y se acometía, con un proyecto singular, el cierre perimetral de las 55 hectáreas de las que se dotaban la instalaciones de uno de los futuros entonces más ilusionantes para la provincia, a lo mejor porque eran años de crisis de desarrollo. La idea había nacido con el tripartito de la Xunta y de la mano del entonces conselleiro de Industria Santo Oujo. La evolución del proyecto fue realmente errática, entre otras cosas porque en el programa de gobierno del PP en las elecciones que ganó Fraga, figuraba el diseño de tres parques tecnológicos en Galicia. No vamos a discutir ahora si la determinación de ubicar en Ourense tal infraestructura de excelencia era la mas correcta: era una decisión estrictamente política, con todas sus consecuencias. El reconducir tales miras a un único proyecto, y en Ourense, no fue tarea fácil. Afortunadamente se encontró una buena receptividad por parte del gobierno de Fraga, sobre todo en su entonces conselleiro de Industria Juan Fernández, y no tanto en otros conselleiros con responsabilidad en el ambicioso proyecto. Tampoco fue sencillo reconvertir el nombre de Parque Tecnológico de Ourense, tal como había nacido, en Parque Tecnológico de Galicia, que supondría un instrumento de marketing para el lanzamiento del mismo, al poder albergar cualquier tipo de proyecto de I+D (Investigación y Desarrollo) que surgiera en Galicia, amparado, cómo no, por el gobierno autónomo y sus políticas de Nuevas Tecnologías e Innovación y que, además, se convirtiera en un elemento de discriminación positiva que ayudara a Ourense en su difícil caminar hacia el desarrollo. Un nombre que vende En la década de los noventa se produce en toda España y en gran parte de Europa la eclosión de un gran numero de instalaciones de este tipo, con el apoyo firme de la Comisión Europea, con apoyos financieros muy importantes y casi todas ellas con el nombre de «parque tecnológico de¿». Aquel nombre vendía. Hace ya más de quince años y se ha cumplido cumplido el duodécimo aniversario de su inauguración hace apenas unos meses. Pero ahora, de pronto, el emblemático nombre de Parque Tecnológico de Galicia S.A., que tantos esfuerzos costó, se le sustituye por el de Tecnópole como nombre comercial. Poco conocido, de difícil pronunciación, y bastante ajeno lingüísticamente, aunque alguien diga lo contrario. Me consta, incluso, que hay más de un empresario que no está muy de acuerdo con este cambio de denominación, y que cuando se incorporaron a la tecnópolis consideraron de valor el nombre original. Una vez más nos cargamos las pocas señas de identidad que tenemos, y todo ello con el silencio, que se sepa, del consejo de administración. on estas ilusiones y criterios, ¿a dónde vamos?