La ciudadanía está tranquila

| JOSÉ MANUEL RUBÍN |

OURENSE

CONTRAPUNTO

16 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ES un secreto a voces que a Manuel Cabezas le pusieron fecha de caducidad en un restaurante de dos tenedores. Los comensales, para los que Gómez Barril es ahora el tonto útil como hace tres años era el travestido malvado, intentan pisotear la voluntad de un pueblo llamado Ourense que por mayoría absoluta eligió, ¡tres veces! a su alcalde. En la campaña de acoso y derribo, negado con la boca pequeña por el presidente Baltar pero jaleado por la implacable realidad de los hechos (¿dónde está la aplicación del reglamento al militante que con sus manifestaciones perjudica al partido?), falta lo fundamental, el móvil del delito. ¿Por qué se tiene que ir el alcalde de Ourense antes del 30 de diciembre, como preconiza el ex edil e improvisado vidente? Cabezas no subió los impuestos para poner en pie de guerra a los ciudadanos. Cabezas no trajo para Ourense un cementerio nuclear que echase a la calle a sus convecinos. Los ourensanos no están alporizados por graves errores del alcalde. En la calle no se nota la crispación. Las asociaciones de vecinos y entidades sociales no enviaron al Concello escritos de protesta. Las manifestaciones no se suceden ante la Consistorial. La ciudadanía está tranquila. No hay móvil para pedir la dimisión de Cabezas. Lo único que hay es un ejemplo de la perversión de la democracia. Personas supuestamente poderosas (el supuesto poder les llega de la debilidad de la sociedad civil ourensana) intentan imponer su voluntad sobre la de cien mil vecinos. Lo hacen con la aquiescencia de los partidos (PP, PSOE y BNG) que tendrían que ser los adalides en la defensa de los valores democráticos. Cuando se callan los líderes (o participan en la campaña de acoso) ante la acción de una minoría, están mostrando su debilidad. Ellos serán las próximas víctimas, los próximos Cabezas.