CONTRAPUNTO | O |
03 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.AUNQUE quieran vestirla de seda, la visita del Presidente Zapatero a Ourense no fue más que un mero recorrido turístico. Desde Verín a Santo Estevo (¡vaya feo abandonar el parador de Monterrei para pernoctar en el de Nogueira de Ramuín!) como paso intermedio a lo realmente importante que no es otra cosa que pasearse hoy del brazo de su amigo Pepe Blanco por el san Froilán de Lugo. Hasta llegar al momento del pulpo, a Zapatero le confeccionaron un programa de entretenimiento. Y le llevaron a Verín que es el lugar escogido por los socialistas para dejarse ver después de los incendios. Se dejó ver Touriño tras la devastación de agosto, se dejó ver el alcalde que interrumpió sus vacaciones para salir en la foto, y se dejó ver, ayer, Zapatero. No llegó en un buen día el Presidente para incrementar su credibilidad entre los ourensanos. Éstos, que son de por sí sufridos y conformistas, no le van a creer sus ilusiones de futuro porque la realidad del día no se conjuga con las promesas presidenciales. En la misma fecha en la que Zapatero soltó su teoría sobre los incendios, uno de sus ministerios, el de Medio Ambiente, cerraba la única brigada rápida de intervención que el Estado mantiene (¡oh paradojas de la vida!) en Laza, a escasos kilómetros del lugar en el que los alcaldes de la comarca le aplaudían el discurso. Palabras y hechos no caminan por sendas convergentes. Cuando todavía los fuegos fueron ayer objeto de preocupación vecinal en Pereiro y Untes, cincuenta trabajadores contratados por el Gobierno central, han pasado al paro. Es un ejemplo más de esa forma de hacer política de Zapatero, más propia de un gallego que de un leonés. Nunca se sabe si sube o si baja, si apoya o si rechaza, si dice que sí o todo lo contrario. De momento, en Ourense dejó palabras y hechos. Las primeras, las suyas, de esperanza. Los segundos, del Ministerio de Medio Ambiente, de hondapreocupación.