Huelga

NEMESIO PEREIRA

OURENSE

AL DÍA | O |

19 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

SIEMPRE empiezan las quejas, con alegatos a trastornos y, en éste caso, desabastecimiento de los pobres ciudadanos, cuando en este país se produce una huelga. Es evidente, estemos a favor o no de una huelga, que su capacidad de producir efectos depende del grado de incomodidades que se produzcan en los sufridos ciudadanos. Si son los controladores aéreos, se colapsan los transportes generando una cantidad de problemas a los usuarios. Ahora fueron los transportistas que ven reducida su capacidad económica al no actualizarse sus tarifas a pesar de la brutal subida de los hidrocarburos. A alguien se le pasó por la cabeza que no pretenderían actualizar tarifas si se dobla el precio del gasóleo. A alguien se le ocurrió que si éstas tarifas no se actualizaban se pondrían de huelga los propietarios de camiones. A alguien se le ocurrió que si los transportistas querían que sus reivindicaciones fuesen atendidas provocarían un paro de incalculables consecuencias. No sé, me da la sensación que la sociedad en la que vivimos pendemos de un hilo, somos bastante permisivos en algunas cosas y muy intolerantes en otras. Si analizamos un litro de leche, un kilo de patatas, una docena de sardinas, desglosando del precio que paga el consumidor final, pensemos que un 20% se lo queda el productor, un 10 % el transporte, un 20% el vendedor final. Vaya, al final debemos preguntarnos ¿y el resto? ¿en donde se queda el 50 % del precio que pagamos? Supongo que la respuesta será: en alguien que no produce, no transporta, no vende el producto, está en su casa ricamente a golpe de teléfono. Nunca a habido una huelga de intermediarios, por algo será. Al final, un derecho constitucional, como es el derecho de huelga, para que sea efectiva debe haber perjudicados y está claro que siempre somos los mismos. Algún día no vendría mal que los consumidores nos pusiésemos de huelga a ver que pasaba.