CONTRAPUNTO | O |

13 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EL SANEAMIENTO de la margen derecha del río Miño a su paso por la capital, puede esperar. A pesar de ser una obra que evitará que los residuos de más de 35.000 ourensanos terminen en el cauce del río, se le quitó la vitola de prioritaria que le había puesto el Gobierno de España a través de su ministra de Medio Ambiente. La ampliación de la depuradora que purifica los detritus de los restantes ourensanos, también puede esperar a pesar de que, como la anterior, también fue vendida a bombo y platillo por los dirigentes del PSOE. La razón oficial es que los 257 millones de euros que se llevará el puerto exterior de A Coruña deja las arcas exhaustas y sin fondos para acometer las imprescindibles obras de la ciudad de As Burgas. Hasta aquí todo correcto porque el sentido común dice que los fondos públicos (provenientes de los impuestos de los ciudadanos, sean españoles, alemanes o franceses) no tienen la capacidad de dilatación de los chiclés. Un Gobierno debe administrar los dineros como lo hace una familia. Según ésta, para poder cambiar de coche tiene que posponer otros gastos, lo mismo pasa con la administración pública. Para que Galicia tenga un puerto de primer nivel, acorde con los mejores de Europa, es menester que otros gastos esperen a mejor ocasión. Lo que es censurable es que los políticos de turno, en lugar de ser honestos con sus conciudadanos, le creen falsas esperanzas y expectativas. La ministra Narbona y otros dirigentes del PSOE le prometieron a los vecinos de Ourense, antes de que éstos depositasen el voto en la última consulta electoral, que ambas obras eran de prioridad total para la administración socialista. Ahora, la lógica de la gestión pública, demuestra que todo fue una gran mentira y que una vez más, tenemos que hacer acopio de resignación. Ourense (a golpe de golpes nos convierten en eternos plañideros) siempre sabe esperar.