CONTRAPUNTO | O |

07 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

EN febrero del 2006, en una ciudad de 110.00 habitantes, vivía un empresario que dirigía un club deportivo lleno de deudas. Un día, observando como los directivos que llegaron para echar una mano (y unos euros) huyeron despavoridos ante la magnitud del agujero económico, tuvo una idea. Raudo y veloz se presentó en Vigo (lugar al que se mudó el centro de poder económico que antes estaba en la capital de As Burgas) y, con su proverbial verborrea como documento más fiable, volatizó (o eso dice) los 2,5 millones de euros adeudados (deuda que, por cierto, se generó cuando el club era propiedad de quien puso un puente de plata para que la fuerza económica se centrase a orillas del Atlántico en lugar de en las riberas del Miño). En la ciudad del Olivo le recibieron con los brazos abiertos. Si entidades similares perdonaban deudas millonarias a asociaciones políticas, ¿por qué no hacer lo mismo con una deportiva tan querida por miles de ourensanos? Feliz por el éxito, el susodicho directivo les contó su historia a los inspectores de Hacienda (organismo al que le adeuda 900.000 euros) y, de nuevo, con su palabra como certificado, los funcionarios que hacen sudar tinta a tantos empresarios, pactaron una moratoria. Embriagado de éxito, llegó a la ciudad de As Burgas y se vanaglorió de sus hazañas con un sonoro «adiós a la deuda con Caixanova». Presumió tanto que levantó envidias y ya están los ourensanos de bien, esos que pagan la hipoteca todos los meses, viajando a Vigo para intentar aliviar sus cuitas financieras. ¿Y la empresas? ¡Repasando las pólizas y exigiendo a sus gerentes la misma eficacia que el presidente de C D Ourense! Ante la avalancha de peticiones, la entidad de ahorro del sur empezó a repasar las fábulas de La Fontaine, especialmente la de La lechera, y la obra de Calderón La vida es sueño , para explicarles a sus clientes que «los sueños, sueños son».