CONTRAPUNTO | O |

15 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTÁ en marcha una cuestación popular para invertir 11.000 euros en una placa de metal que le dé más prestancia al sepulcro del ex obispo de Ourense, Ángel Temiño. Para los promotores de la iniciativa, la placa de piedra que tiene en la actualidad es «indigna de la memoria del piadoso prelado». Con el respeto que merece cualquier iniciativa, individual o colectiva, no parece que la figura de monseñor Temiño sea la que despierte más ilusiones y sentimientos de gratitud en los ourensanos del común. El nombre de Temiño recuerda la etapa más negra de la iglesia en la provincia de Ourense. Por su integrismo, por su connivencia con la dictadura de Franco, por su persecución de todo síntoma de aperturismo que se vivía en la iglesia de los setenta, por el ostracismo al que condenó a los sacerdotes que querían sentirse pueblo bajando del púlpito y viviendo la realidad (difícil en aquellos tiempos) de los fieles de base, por condenar al exilio a decenas y decenas de jóvenes curas que tenían que buscar otras diócesis para ejercer su ministerio, por su autoritarismo que llevó a vaciar de alumnos el Seminario... Como bien recoge el libro La diócesis de Ourense , Temiño fue un obispo que «vivió siempre al margen de los pobres y cercano a los privilegiados de la fortuna, de la cultura y del poder». No es de extrañar que ahora, en lugar de dejarle tranquilo en el lugar de la historia que se labró en sus 34 años de autoritario control, se inviertan 11.000 euros en su mayor realce y esplendor. Si el granito es tan digno para miles de ourensanos que reposan en los cementerios, ¿por qué es indigno para un siervo de la iglesia? La placa de bronce será la plasmación de su modo de ejercer el purpurado (cerca de los ricos y lejos de los pobres) además de ser ilustrativa de que, a pesar de los 20 años transcurridos desde el fin de su mandato, su estilo todavía está vigente en un sector de la iglesia ourensana.