CONTRAPUNTO | O |
23 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ESTE sistema imperfecto que desarrolla nuestra democracia, hace que a los alcaldes no los elijan los ciudadanos con su voto directo y secreto. Los vecinos tienen tan sólo la posibilidad de refrendar un candidato que previamente han elegido (en la mayoría de los casos lo correcto es decir han nombrado) los dirigentes de los partidos políticos en liza. En Ourense (y con las salvedades puntuales de los Gil y Gil que todavía pululan por algún concello) la oferta se reduce a PP, PSOE y BNG. Y en los tres partidos se utilizan similares estratagemas. En el PP encabezan las listas las personas que designa el dedo de Baltar, sean éstas franquistas acérrimas o hayan tenido relaciones turbias con la justicia. En el PSOE es Touriño el que cuestiona al actual portavoz en la capital para poner a un paracaidista al modo y manera que en A Rúa postulan desde la cúpula socialista a un hombre que vive y trabaja ¡a 200 kilómetros! En el BNG, hasta ahora formalmente asambleario, iniciaron el camino para que uno (el que mande en cada momento) tenga la supremacía sobre todos. Esta forma de concentrar el poder en tan pocas manos es la que trae el divorcio entre los ciudadanos del común y sus dirigentes y la proliferación de latiguillos verbales («todos son iguales») salidos de bocas anónimas y sabias. Dentro de ocho meses se volverá a vivir el peregrinaje de miles de personas hacia las urnas para refrendar a uno de los tres candidatos a las alcaldías colocados por las organizaciones políticas mayoritarias en Ourense. Los más de 350.000 electores no podrán decidir en cada uno de los 92 ayuntamientos al candidato que les parezca el mejor o el menos malo. Tendrán la posibilidad, tan sólo, de legalizar la elección que otros han efectuado antes. ¿Hasta cuándo permanecerá este sistema que impide aflorar líderes naturales y puebla las instituciones de siervos acomodaticios?