CONTRAPUNTO | O |
30 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LA SITUACIÓN de C D Ourense refleja lo que es la provincia. Es relevante que el dirigente del primer equipo futbolístico sea el empresario Quino Muñoz. Lo es porque preside (por lo tanto tendría que ser un modelo y un ejemplo) la asociación de jóvenes empresarios de Ourense, integrada en la CEO. También es importante porque mientras la patronal que lidera Francisco Rodríguez desarrolla imaginativos programas para atraer emprendedores, uno de sus vástagos muestra, en la cúpula de una sociedad anónima, la cara negativa de la práctica empresarial. ¿Cómo se puede llamar empresario una persona que defiende como normal que sus trabajadores lleven tres meses sin cobrar los salarios? ¿Cómo se puede llamar empresario a un dirigente que no cumple con sus obligaciones con Hacienda y Seguridad Social? ¿Cómo se puede llamar empresario a un directivo que pasa horas en la Diputación para recibir una dádiva en lugar de dedicarse a gestionar ingresos? Las prácticas del presidente del Ourense son más propias de un político que de un empresario. Pero la culpa no es suya. Él es un hijo, y una víctima, del sistema instaurado por Baltar que llevó a más de una generación de jóvenes a ver su futuro ligado a una oposición (¡y con recomendación!) y no al frente de su propio negocio. La provincia se convirtió en fábrica de funcionarios perdiendo la ocasión de aprovechar el talento innato que miles de ourensanos mostraron y muestran en la diáspora y tan pocos (textil, pizarra...) en el interior de la provincia. Lo de Quino Muñoz es el triste ejemplo de una sociedad aletargada por el mortal somnífero del favor cuyo templo, como decía el clásico, tiene las puertas tan bajas que hay que entrar en él arrastrándose. Que es lo que hace Quino Muñoz en la Diputación y en el Concello buscando dinero público para pagar los salarios de los trabajadores de una sociedad anónima deportiva y privada.