CONTRAPUNTO | O |
19 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Y EL Amazonas no pudo cambiar su curso. La natural evolución del ser humano hizo que un 18 de octubre del 2006 la comarca de Valdeorras se tiñese de luto y dolor por la muerte de José Quiroga Suárez, uno de sus hombres ilustres. En su día había acuñado una frase que quedará para la historia de Galicia. Estaba tan convencido del triunfo electoral de UCD, partido que le sustentaba en la presidencia de la Xunta, que afirmó rotundo que era más fácil que el Amazonas cambiase su curso que Alianza Popular ganase las elecciones autonómicas. Las huestes de Fraga ganaron y Quiroga regresó a la Rúa de sus amores dejando la frase grabada en oro en las hemerotecas. Como quedará su contribución al desarrollo autonómico de Galicia. Hizo la travesía más dura. Presidió una autonomía que no tenía prestigio, ni sede, ni dinero, ni coches oficiales ni nada del oropel que hoy rodea a los profesionales de la política. Quiroga Suárez no lo era. En él todo era ilusión y bonhomía de ahí que su papel fuese más diplomático que ejecutivo. Con él Galicia empezó a creer que se podía gobernar por sí misma. Se retiró de la política con la grandeza que tienen las personas de bien, sin rencor, sin quejas, sin descalificaciones. Siguió impartiendo sapiencia médica y agudos análisis políticos en las cotidianas tertulias del casino rués. No fue un nostálgico. El futuro lo veía en sus hijos y en sus nietos y con ellos entró en el siglo XXI. Nunca miró a un pasado lleno de experiencias políticas, empresariales y médicas. Siempre me admiró el orgullo que sentía cuando le llamaban Don Pepito. El nombre denotaba cariño, confianza, cercanía. Todo aderezado con el respeto que sentían por él porque era algo más que el médico de cabecera. Era el consejero en los malos momentos cuando no la ayuda directa en otros muchos. Valdeorras, Ourense y Galicia despiden hoy a un referente, a todo un caballero.