CONTRAPUNTO | O |

21 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

TERMINÓ ayer, con una concentración ante la Subdelegación del Gobierno, la serie de actos (la mayoría divulgativos) que se desarrollaron a lo largo de la última semana para concienciar a los ourensanos respecto a la pobreza. En el que ponía el broche final a los celebrados desde el pasado martes, Día de la Pobreza (la real, no la de espíritu que ésta no tiene fecha en el calendario) se dieron cita 30 personas. Si comparamos el censo oficial de la provincia (339.555 habitantes, según el Instituto Nacional de Estadística) con los participantes en el acto reivindicativo, resulta que tan sólo un 0,0088% de los ourensanos está dispuesto a dedicar unos minutos de su tiempo a pedir, con su presencia en un acto testimonial, un mejor reparto de la riqueza en el mundo. Sería injusto sacar de un mero dato estadístico la consecuencia de que los ourensanos son insolidarios y que no les duele que 20.000 personas mueran cada día por haber nacido en zonas de pobreza extrema. Tenemos una inmensa suerte de pertenecer al primer mundo, el de la abundancia, aunque las estadísticas (¡esas malditas estadísticas que lo mismo sirven para justificar una argumentación como su contraria!) nos sitúen en los últimos lugares de la España desarrollada. La realidad objetiva del bienestar formal no tapa otra realidad, igual de objetiva, que es que a nuestro alrededor hay niños que se mueren de hambre (el padre del pequeño de Ponteareas trabajaba en Ourense), que miles de personas viven bajo el umbral de la pobreza y que Cáritas y Banco de Alimentos auxiliaron, en esta provincia y en lo que va de año, a más de 20.000 personas que carecían de lo imprescindible. Me temo que con la celebración del Día de la Pobreza pase como con otras celebraciones, que casi siempre buscan más réditos políticos que aportaciones reales. Ya pasó la fiesta formal, ¡qué viva el despilfarro!