CONTRAPUNTO | O |

27 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

A ORILLAS del Sil se ubica una magnífico concello al que la mano de sucesivos políticos mermó las grandes perspectivas que la naturaleza le había dado de forma gratuita. A Rúa de Valdeorras se asoma en demasía al balcón negativo de la actualidad. La vida política local se presenta demasiadas veces como un auténtico carajal. Las decisiones acaban en los juzgados (léase parque empresarial, residencia de Os Pinos o reclamaciones laborales), por lo que el desarrollo del municipio está siempre pendiente de la imprevisible balanza de la Justicia. La inestabilidad jurídica que acarrean algunos acuerdos cercenan el despegue rues porque las inversiones exigen un sustrato de normalidad legal. Ayer se hizo público que la Xunta estudia concluir el polígono industrial y que la Diputación congelaba su ayuda hasta la legalización del proyecto. Entendiendo que Touriño y Quintana quieran sacar del atolladero una iniciativa (alentada por sus ediles) que nació conculcando la legalidad, ningún dirigente que se precie puede dedicar fondos públicos a financiar obras ilegales. Y en A Rúa, con la anuencia de PSOE y BNG, se construyó un polígono industrial sobre fincas que son de propiedad particular y del organismo estatal Sepes. Es como si un constructor levanta un edificio en un solar cuya propiedad no ostenta. Esto es lo que se hizo en A Rúa y que ahora genera más de un problema a los gestores de los presupuestos públicos. El PSOE ayer, en un acto de contrición electoral, asumió en la presentación de su nuevo candidato a la alcaldía, que el tripartito (del que forma parte) resta más que suma al desarrollo del Concello. Ojalá que tanta sinceridad no se quede en un calentón de boca y que, por fin, la cordura y la legalidad aniden, de nuevo, en la consistorial. Por el bien de A Rúa, de sus vecinos y, también, por el de un PSOE que está en unos mínimos vergonzantes de representación popular.