CONTRAPUNTO | O |

18 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

EL peligro es el desafecto. Los ciudadanos, a la vista del reciente ejemplo catalán y de la encuesta que hoy publica La Voz, están cayendo en una especie de abulia ante la política oficial que les lleva a declararse abstencionistas, militantes del voto en blanco o simplemente desencantados con el sistema. Parecen repudiar el mejor de los modos para gobernarnos en libertad y se alejan de todo compromiso con la realidad que les circunda. Algo de pasotismo habrá en esta postura y seguro que un mucho de individualismo pero alguna responsabilidad también tendrán que asumir los líderes de los partidos serios (no los grupúsculos creados por personajillos para pescar en el río del hastío prebendas personales). El caso de Ourense es significativo. En las próximas municipales quieren gestionar los bienes públicos de 110.000 habitantes tres personas que, en el mejor de los casos, son desconocidos para el 40% de los ourensanos a pesar de llevar más de dos legislaturas en el concello. Ninguno de los tres supera el 5 que en la jerga popular es un aprobado raspado. El ciudadano empieza a dar muestras de hartazgo al vislumbrar que los responsables de los partidos deciden los candidatos y a ellos tan sólo le dejan dos segundos de gloria ante la urna. Los que mandan en el PP, en el PSOE o en el BNG eligen a sus serviles amigos (aunque no tengan ningún predicamento ante la ciudadanía o aunque no hayan esbozado nunca una idea o un proyecto) para después utilizarles como correas de transmisión. Se genera una corriente de compromiso con el jefe y no con el vecino. Me temo que la corriente de escepticismo vaya en aumento hasta que los líderes de la política le den la voz al pueblo y le permitan eligir, persona a persona, en listas abiertas, a aquellos políticos que le generan ilusión. Mientras, se le podrá aplicar la frase de Miguel de Unamuno a Millán Astray: «Venceréis, pero no convenceréis».