CONTRAPUNTO | O |

09 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

COMO si las diferencias sobre el AVE o los enfrentamientos entre Trives y Valdeorras no fueran suficientes, llega la noticia de la urbanización a desarrollar en Benposta por una empresa vasca (¿por qué negocios como éste o el de la Finca Diputación tienen detrás a empresas foráneas?) y el sacerdote Jesús Silva. Son terrenos anexos a los que la Xunta quiso dedicar a campo de fútbol. Entonces se registró una contestación social que paró la iniciativa tildada de oscura operación urbanística del PP. Ahora, los solares vuelven a la actualidad porque sobre ellos cayó el gas letal de la especulación por mucho que la idea se adobe con rimbombantes nombres de escuelas o facultades. Atrás queda la utopía de un proyecto educativo que se extendió por medio mundo. Aquel sueño del fundador de Benposta quedará en las hemerotecas y en las vivencias de miles de niños formados en los ideales de libertad que durante la longa noite de pedra se respiraban en la Ciudad de los Muchachos. La utopía se difuminó y en su lugar, de la mano del mismo apellido, emerge una urbanización privada. No deja de ser una paradoja que el negocio inmobiliario del sacerdote lo autorice un gobierno de Cabezas, a quien el padre Silva demonizó en su día. Sorprende también, segunda paradoja, que el creador de una obra educativa disfrutada por las clases desfavorecidas e ignorada por las pudientes, haya dado un giro copernicano a sus prioridades fijándose como objetivo el ganar dinero para después, como en el cuento de la lechera, invertirlo, dice, en otros menesteres de sonoras denominaciones. No es nada nuevo. Es el punto y seguido de operaciones similares en las que los intereses de pocos pueden sobre los de muchos. Mientras, Ourense acogió un encuentro de estatuas vivientes. Es la última paradoja. Artistas de medio mundo mostrando el arte de las estatuas inmóviles cuando aquí tenemos maestros de primer nivel.