CONTRAPUNTO | O |

06 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

YA SE acabó el tiempo de las ilusiones envueltas en papel de celofán. La partida de los Reyes Magos pone punto y final a un período en el que todo se cifra a la suerte. A la real, que puede llegar en las tradicionales fechas del 22 de diciembre y del 6 de enero, y a la imaginativa, esa que se apodera de nuestros sueños y nos hace creer que un tal Papá Noel vendrá con su zurrón cargado de venturas o que unos Reyes, de mágica Monarquía, nos dejarán el futuro poblado de oro, incienso y mirra. Bien está que reguemos nuestras vidas de deseos y que dibujemos con trazos de verosimilitud lo que tan sólo es una esperanza. «Si nos toca a Lotería...», «le pido a Papá Noel...», «espero que los Reyes Magos...», son frases habituales en este tiempo de fantasía. Las pronuncian los niños (que todavía tienen el derecho a vivir de la ficción) pero también los adultos, sean estos ciudadanos del común o próceres de la sociedad. Pero llega el 7 de enero y el velo que tamizaba la realidad se descuelga y ésta aparece con toda su crudeza. Hay que conseguir el futuro con el sudor diario y con el trabajo bien hecho. Los dirigentes deben dejar los discursos amilbarados y solucionar los problemas que aquejan a sus votantes. Es el momento de intentar parar el descenso demográfico de la provincia que hace que ésta pierda diputados en Madrid y ediles en muchos de sus concellos. Es la hora de dejar las disputas pueriles sobre el trazado del AVE y gritar con una sola voz que llegue pronto. Es la hora de articular un concepto de provincia y que se defiendan las infraestructuras que la vertebran como es el caso de la autovía Ponferrada-Ourense, por Trives. Es la hora de que las militancias políticas (véanse los casos de los alcaldes socialistas de Castro Caldelas y O Barco) no vayan en sentido contrario a las necesidades perentorias de sus pueblos. Es la hora de entender, como Calderón, que los sueños, sueños son.