SUENAN campanas de gloria en el estadio del Couto. El político del PP y presidente de CD Ourense, Quino Muñoz, declaró el viernes, 19, jornada de exaltación deportiva e hito feliz en la trayectoria del club de fútbol. La razón de su dicha no estriba en la consecución de un título ni en un balance económico con superávit. Todo lo contrario. Ha conseguido llevar a la entidad a la suspensión de pagos (dicho sea en román paladino para obviar el artificio de ). Reconocer que fracasó en la dirección del club, que no fue capaz de liderar ningún tipo de apoyo social y que no construyó un equipo que ilusionase a la afición, le origina al presidente del Ourense una satisfacción. Dejar de pagar a los acreedores y ceder el control del club a unos administradores nombrados por un juez a Quino Muñoz, dice, le hace feliz. Felicidad que, intuyo, debe ser inversamente proporcional a la que sienten los directivos de Caixanova. Tienen sobre su mesa una deuda de CD Ourense superior a los 400 millones de las antiguas pesetas. ¿La condonan o no? Si la entidad financiera renuncia a cobrar tan sustanciosa cantidad, ¿qué le dirá a los pequeños empresarios que intenten negociar una moratoria en sus créditos o a los ahorradores que pagan comisiones por distintas operaciones? ¿Qué precedente marcará? ¿Debe ser una entidad de ahorro la que sufrague las nefastas gestiones de personas concretas? ¿Tendrá algo que ver con el espíritu dadivoso de la entidad el que confluyan en la misma persona la responsabilidad del hundimiento del Ourense y la absorción de otra entidad financiera de inolvidable acento ourensano? El día de la suspensión de pagos de CD Ourense tendría que ser un día de luto. En cambio el culpable lo muda en un día de fiesta. No sé si para llamarnos tontos o porque está convencido de que somos ciegos. Repican las campanas a gloria cuando tendrían que hacerlo a difuntos.