CONTRAPUNTO | O |

03 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

LA militancia en los partidos políticos está a la baja. Tan sólo sirve, en el PP, para presumir del nivel de afiliación (más de 20.000 en Ourense) y, en el PSOE y BNG, para darle un barniz democrático a unas decisiones que siempre toman un reducido número de personas. A pesar de que la Constitución es clara al radicar la soberanía «en el pueblo» y fijar que el funcionamiento de los partidos «deberán ser democráticos», la práctica dice que siempre tiene más poder el dedo de uno que la voluntad de miles. La reciente presentación de las candidaturas a la alcaldía de Ourense demuestran el poco peso que tienen, en el 2007, los militantes de los partidos de izquierda que deben reforzarse con aspirantes con la vitola de independientes, los que están en terreno de nadie o, dicho en román paladino, aquellos que igual sirven para un roto como para un descosido. El PSOE, con más de 100 años de historia, ha colocado en los cinco primeros puestos a tres personas independientes desconocidas por el 99% de sus militantes. De poco vale que en las campañas de afiliación digan que «los militantes son el principal activo que tenemos en el PSOE. Si quieres decidir en la elección de candidatos, afíliate». La terca realidad es que a la hora de repartir los cargos el militante no tiene poder alguno. Es un cero a la izquierda. Un robot programado para decir, tipo militar, «señor, sí, señor» cuando ven que de cinco seguros concejales, tres son ajenos al partido o cuando contemplan que sus listas dan cobijo (véase página L10) a personas con una larga militancia en el ¡Partido Popular! Se quejan los líderes del escaso entusiasmo que despierta la política en los vecinos sin reflexionar que están hartos de ver como cambian las personas, y los partidos, pero no las mañas. Que la diferencia entre PP y PSOE, por ejemplo, es tan mínima que se intercambian los candidatos sin sentir el mínimo rubor. ¡Ay si Pablo Iglesias levantase la cabeza!