El espectáculo del combinado nacional de baloncesto se encontró con la respuesta de una afición local que rayó a la altura de las mejores plazas de este deporte
19 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.ourense | Un Paco Paz lleno con 45 minutos de antelación al inicio del España - Lituania es la mejor prueba de que Ourense volvió a convertirse en una capital del baloncesto gallego.
Al imperio del rojo y el amarillo, las banderas, las manoplas y las camisetas, el ambiente de gala volvió a inundar una instalación de la ciudad por obra y gracia de la eñemanía
Sólo el calentamiento de Juan Carlos Navarro clavando un triple tras otro ya subía la temperatura de la afición ourensana, mientras que Bravo, la mascota del próximo Europeo de Madrid jugueteaba con quien se iba topando en la primera fila de las sillas pista.
La presentación del combinado español ya puso a prueba el nivel soportable de decibelios y para cuando Sergio Rodríguez y Rudy Fernández contactaron en su primer alley hoop, los mismos cimientos del polideportivo se tambalearon.
Como rezaba uno de los muchos animadores que trabajan para la puesta en escena del show, la eñe salía de dentro para manifestarse en el exterior y el público ourensano fue rememorando pasadas tardes de gloria, al ritmo de ese ba-lon-ces-to que preconiza el propio Pepu Hernández.
La comunión entre público y equipo fue fluida en todo momento, sobre todo teniendo en cuenta que los lituanos no se iban del partido como les había sucedido en Gijón. Una banda de entusiastas no dejó de tocar a rebato en toda la noche y el hombre eñe o un electrizante Super Suso mantenían a los asistentes en tensión, aunque el balón no se paseara de un lado a otro de la cancha. Y es que los organizadores de la gira del combinado nacional han tomado buena nota de como se las gastan al otro lado del Atlántico y, en localidades abarrotadas, nada mejor que divertir al público para que repita.
Incluso hubo tiempo para los mates solidarios contra la malaria, un capítulo humanitario que siempre ha sido bien acogido en las tardes de baloncesto de O Pazo y que esta vez tendrá más trascendencia por el ornamento mediático de la pista ourensana.
Ese ritmo creciente de la eñemanía no flaqueó en ningún instante y los amantes del deporte de la canasta, tanto los locales como otros llegados de distintos puntos de Galicia, pudieron celebrar una de sus fiestas más inolvidables, la de esos Golden Boys que siguen paseando el espíritu de Saitama para contagiar a todo un país, sean cuales sean sus preferencias deportivas.
A más de uno se le han quedado en la retina para siempre los mates de Gasol y Rudy y hasta las famosas señas de Calderón tras cada triple que cuela en la canasta rival. Pero sobre todo se mantendrá vivo el recuerdo de esas grandes citas, en las que familias, amigos e incluso desconocidos que pasaban por ahí, rememoran de cuando en cuando como se puede disfrutar de un deporte, sin más objetivo que el de pasarlo bien durante unos minutos.