Los juegos del verano

Ruth Nóvoa ruth.novoa@lavoz.es

OURENSE

Ourense está siendo benevolente en este trocito del mes de agosto. No hay ni rastro de los cuarenta grados de temperatura que condenaban a todo el mundo a vivir en la sombra y con las persianas bajadas. Y es que aunque parezca una tontería los termómetros de los últimos días están aportando un nuevo concepto de verano. Con el sol comportándose como es habitual, por ejemplo, no podrían los niños del barrio de La Inmaculada estar a la una de la tarde jugando en plena calle... y sin gorra. Los lunes, eso sí, se juega de otra manera. Los responsables son los monitores del programa Ourense Lúdico que, también en los momentos más calientes del verano, entretienen los meses de vacaciones de los más pequeños. Lo hacen en la capital -hoy estarán en Seixalbo, mañana en Velle y el jueves en O Vinteún y el Liceo- pero sobre todo en la provincia. Con el patrocinio de la Diputación, cada verano llegan a diferentes ayuntamientos actividades lúdicas y artísticas que tienen como público a niños de entre 4 y 14 años. El Ourense Lúdico rueda por Nogueira de Ramuín, Esgos, Paderne, Vilaza, Albarellos, Medeiros, Vilar de Barrio, A Merca, Entrimo, Lobios, Muiños, Avión, Carballeda de Avia y Beade. Aunque el verano en el pueblo tiene muchos encantos -la bici, el río, las excursiones, las historias de los abuelos, los rincones escondidos, las fiestas, la primera verbena, los animales- no está mal tener otras alternativas. El Ourense Lúdico las da, como hizo ayer en la capital en colaboración con la asociación cultural Pena Redonda del barrio de A Inmaculada.

Y alternativa para este verano también la hay, cultural, en Verín. Acaba de inaugurarse en la Casa do Escudo una exposición fotográfica que, en realidad, también podría definirse como el diario gráfico de un viaje. El responsable de Miradas -el título de la muestra- es el fotógrafo ourensano Carlos Folgoso que ha callejeado para reunir retratos de gente anónima por Galicia, Andalucía, Cataluña, Madrid, Londres, Roma y Holanda. Personas en la calle, vidas paralelas e interrelaciones personales que se asoman a los ojos de los fotografiados. El trabajo, apunta el autor, no está terminado. Todavía le quedan a Carlos Folgoso muchos kilómetros por Europa del Este para seguir mirando y fotografiando. Él mismo explica que las imágenes que forman parte de la exposición están tomadas de forma casi furtiva, sin pedir permiso a quienes se asoman al otro lado del objetivo. Trabajar de esta forma tiene una intención muy clara. Que resulten naturales y que sea difícil, para el espectador, percibir la presencia del fotógrafo. En consecuencia todo el protagonismo recae en los retratados. Y el autor asume el papel de observador. También de mediador, acercando historias a aquellos que estos días se acerquen a la sala de la Casa do Escudo de Verín para disfrutar de su visión del mundo y de las miradas.