El abrazo del Princess quedó atrás. Era pura pose, teatralización del márketing político. El efusivo apretón en el hotel en el que se decidió el pacto de gobierno entre PSOE y BNG fue flor de un día. En lo emocional y en lo político. Desde aquel 31 de mayo en que Paco Rodríguez y Alexandre Sánchez Vidal se juraron amores eternos tan sólo se sucedieron desencuentros. No hubo repetición del abrazo ni en la sesión plenaria de toma de posesión. Allí, en el lapsus intencionado del regidor de omitir al BNG en los agradecimientos, comenzó a fraguarse el desencuentro. No tiene Ourense un gobierno formado por dos organizaciones distintas (caso de Ribadavia) sino dos organizaciones distintas con un gobierno por cabeza. La visualización de esta realidad se plasmó ayer en Santiago. Allí estuvieron el alcalde socialista y el nacionalista despachando con sus respectivos líderes en sendas reuniones institucionales. Salieron de Ourense, llegaron a Santiago, recogieron promesas, regresaron a la capital y contaron sus éxitos. Todo a la misma hora pero siempre por separado, como dos rectas paralelas. ¡Qué ocasión para demostrar que Ourense tiene un gobierno sólido, unido, con líderes que pueden viajar juntos, que pueden plantear juntos los problemas y explicar unidos las soluciones! Aunque, quizás, de rebote, Ourense salga beneficiada a la corta en esta loca lucha por pisarle el protagonismo al rival, y sin embargo socio.