Regatas fluviales desde la terraza

OURENSE

El crisol de deportistas procedentes de distintos países de Europa aportó un espectacular colorido a las intalaciones del Club Náutico de Castrelo do Miño

02 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El mar no está lejos de la Galicia interior, apenas a unos minutos en autovía si hablamos del valle de O Ribeiro, pero en el Club de Castrelo de Miño tienen la convicción de que sus instalaciones son apropiadas para celebrar competiciones náuticas, sin el mayor inconveniente.

Y esa era la idea que se desprendía ayer de una caminata por el paseo de acceso a sus embarcaderos a la hora de la primera regata del Open Internacional de remo, entre suecas que no recordaban a aquellas que piropeaba Alfredo Landa en un pasado imperfecto o frente a búlgaras con brazos de acero, como poco después demostraron al subirse a su embarcación y surcar cual rayo veloz las aguas del eje fluvial ourensano.

En unas instalaciones como las del Náutico, resulta habitual mezclar el acento cántabro de la expedición de Astillero, con el canturreo asturiano de los procedentes de Castropol y hasta era posible encontrarse algún caballero inglés con el logo del London Rowing Club en su chaleco, charlando con alguno de los directivos de la federación catalana, que tomaron buena nota de la alternativa gallega.

Desde una terraza que completa las dependencias de la piscina era posible contemplar los 1.000 metros de la novedosa prueba, un aperitivo al trazado completo que esta mañana unirá la salida en Laias con el mismo punto de llegada. Refrigerio en mano, bajo la sombrilla, la brisa acumulada en la cuenca del embalse refrescaba la cara y familias enteras deambulaban por el recinto, echando un ojo a las regatas, cuando no a la pantalla gigante que se echó de menos el pasado año, pero que ahora servirá para disponer de más imágenes de la prueba.

Y es que si el inicio de aquella primera edición fue prometedor, lo cierto es que el calado del certamen avanza, si no que se lo pregunten a los avezados fotógrafos de O Potiños, desplazados en su mayor parte desde O Carballiño para captar con sus lentes las imágenes más plásticas que ofrece la modalidad de banco móvil en pleno esfuerzo de los deportistas, cuando no alguna curiosa visión a través de gafas de diseño galáctico o todas las derivadas de esa liturgia del estilo náutico.

Sí, definitivamente, Castrelo de Miño tiene ambiente de regata. Quizás todavía no tiene el glamour de la pugna entre Oxford y Cambridge, pero apunta a que puede convertirse muy pronto en una referencia de la temporada de invierno para los mejores especialistas del remo europeo de elite.