La Cruz Roja facilita con su servicio de transporte adaptado que ourensanos con problemas de movilidad puedan llevar a cabo su vida cotidiana con normalidad
21 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La jornada en el servicio de transporte adaptado de la Cruz Roja comienza a las ocho de la mañana. A partir de ese momento, y hasta las ocho de la tarde, los tres vehículos de la oenegé recorren las calles de la capital y el entorno de la ciudad facilitándole a mayores y niños con diferentes problemas de movilidad su vida cotidiana.
El programa, que comenzó su andadura en el año 1992, ha venido experimentando en los últimos años un incremento en el número de usuarios y en la demanda de sus servicios.
El año pasado, por ejemplo, fueron en total ciento siete las personas que se beneficiaron de esta prestación de la oenegé ourensana.
A día de hoy, y de manera estable, la Cruz Roja cuenta entre los usuarios de su transporte adaptado a dieciséis escolares y veintiocho mayores de su centro de día, aunque el coordinador del servicio, Jose Ramón Robles, destaca que «durante todo el año las cifras varían. Hay servicios puntuales, de personas que necesitan que se las lleve a arreglar un trámite o ir a una consulta médica. También, antes y después de vacaciones, hay más usuarios que necesitan que los acerquemos a sus aldeas, donde están sus familias».
Son cinco los profesionales que trabajan como conductores en este servicio, a bordo de los tres vehículos adaptados, acompañados y ayudados por un grupo compuesto por quince voluntarios.
El año pasado fueron veinticinco. En este sentido, José Ramón Robles destaca «un profundo agradecimiento al personal voluntario y también la necesidad de que haya más gente dispuesta a prestar este servicio. Sobre todo gente que tenga carné de conducir y que esté dispuesta a hacerlo».
De casa al cole
Los niños ocupan buena parte de la jornada del servicio de transporte adaptado. La Cruz Roja se encarga de recogerlos en casa, llevarlos al colegio y luego devolverlos a su hogar, siguiendo un plan de trabajo estructurado al milímetro para evitar cualquier retraso.
No se trata solo de «transportar». En este trabajo, la faceta humana es tanto o más importante que la capacidad para ponerse al volante y ayudar a la gente a subir o bajar del vehículo.
Andrés Torreiro, trabajador, socio y voluntario de Cruz Roja, como él mismo se define, avisa: «Vamos a recoger a una niña con una sonrisa que cautiva».
Y efectivamente lo hace. Nerea de Dios, con cinco años escasos, es desde hace dos usuaria de este servicio, gracias al cual va cómodamente a Mende, al colegio en el que está escolarizada.
Todos los usuarios son tratados con absoluto mimo por parte de los conductores y voluntarios, pero Nerea, con su ya famosa sonrisa, es, como dice su abuela, «nuestra princesa». Andrés y Eladio Prado, su compañero al volante, se deshacen en cariños con ella.
Vejez activa
Sin embargo, las atenciones hacia Nerea son las que se le dan a todos los niños que diariamente suben a los coches de la oenegé y también a los mayores.
Adelina, de noventa y ocho años, ha tenido que acercarse a un edificio administrativo a cumplir un trámite. Lo hace acompañada por una voluntaria del servicio de teleasistencia de la oenegé, porque, a pesar del bastón, tiene dificultades para caminar sola.
Para Adelina, contar con este servicio es vital para seguir siendo una persona activa, en la medida en la que su salud se lo permite: «Hace cinco años que tengo este servicio para estas cosas y estoy muy contenta. Son muy atentos cuando se les llama y gracias a ellos puedo hacer una vida normal».
Esa, precisamente, es la filosofía de un servicio que pretende que todos los ourensanos tengan las mismas oportunidades de desarrollar su vida cotidiana con la mayor normalidad, al margen de su edad o sus problemas de salud.
Para acceder a este programa, uno de los veteranos de la oenegé, no hay más que ponerse en contacto con la sede de la Cruz Roja en Ourense, en el teléfono 988.222.484.