Equipos de extinción de incendios y emergencias, sanitarios y fuerzas de seguridad tomaron ayer la pequeña localidad de Cerredelo, en el municipio de Laza
24 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Los apenas cuarenta vecinos de Cerredelo, en Laza, ya sabían que su pueblo había sido elegido para un simulacro de extinción de un incendio forestal que se descontrolaba y acababa llegando a las casas. Sabían incluso que llegarían efectivos de las fuerzas de seguridad y de los equipos de emergencia de varias localidades ourensanas y lusas, y también conocían algunos otros pormenores del operativo, como que se ubicarían en algunas casas fuegos ficticios y heridos, también ficticios, o que en otras zonas concretas el fuego sería real. Todo se lo habían contando en una reunión previa los responsables del parque de bomberos de Verín, y ellos se prestaron a colaborar. Pero eso no restó expectación ni sorpresa al simulacro más importante que se haya realizado nunca en la provincia ourensana, en efectivos y medios.
Así que la mayoría optaron por tomarse la jornada como un festivo y se instalaron a la entrada de la localidad para seguir las evoluciones. Pronto se dieron cuenta que más divertido que estar cerca del centro de operaciones -donde la mañana transcurría entre un entrar y salir de los responsables de los distintos grupos comunicándose por radiofrecuencia para dar órdenes a sus equipos- era seguir las señales que, el humo real o el de los botes, iban marcando en la actividad de la ruidosa mañana. Aquí una «herida» clamaba por que sacaran a su padre atrapado bajo unas vigas, más allá dos bomberos rompían a base de golpes con el hombro la entrada de un viejo caserón, y paralelalemente los sanitarios subían a la carrera con una camilla, mientras en un prado de la parte alta aterrizaba un helicóptero para trasladar a la víctima.
«Así da gusto -opinaba Liduvina Gómez- teñen de todo e está todo tan organizadiño». Manuel Domínguez también recordaba ayer otros incendios «daquela o primeiro que o vía saía correndo a tocar a campá, e os demais, todos a coller caldeiros, porque era frecuente que se incendiaran os palleiros, onde tiñamos a herba que gardábamos para as vacas». El simulacro de ayer es parte de un plan de formación para que el personal que trabaja en equipos de emergencia sepa coordinarse, aún procediendo de distintos países. La diferencia es sólo idiomática, porque, por ejemplo, las bocas de las mangueras lusas no son iguales que las españolas.