S e vislumbran dos posturas antagónicas a la hora de afrontar el futuro del baloncesto de élite en Ourense. La una, representada por la Diputación, se ciñe a lo de siempre, despilfarrar el dinero público sin el mínimo análisis previo. Hasta sus más furibundos defensores tendrían que sonrojarse al ver como Baltar, en una situación económica grave, ofrece incrementar hasta 400.000 euros la aportación de la Diputación a una sociedad anónima deportiva dirigida por un empresario de pro. De los líderes se espera que marquen la pauta y lo que se necesita hoy son ejemplos de buen gobierno en la inversión del dinero de los contribuyentes. La otra postura es la del Concello de Ourense que entiende que no está la situación para alegrías económicas. El edil de Deportes demanda la presencia de capital privado en el COB que sustituya al público: «Si teñen bos números en plena crisis, seguro que algunha empresa privada se fará cargo da sociedade anónima». Si tan diáfano es el panorama de esta sociedad anónima como lo dibuja Bermello, ¿por qué no la compra? ¿Por qué no explica cuantas acciones posee en la entidad cuyo consejo de administración preside? Por poner dos ejemplos, Mouriño, el presidente del Celta, es el propietario del club arriesgando su capital. El Melilla, de la liga LEB Oro, es propiedad de un empresario que lo dirige a su gusto. Y así un largo etcétera. Tener a un empresario de la potencia económica de Jorge Bermello mendigando dinero ante Concello y Diputación es llamativo pero no censurable. Lo censurable es que los representantes de los ourensanos se lo den para que él pueda disparar con pólvora ajena y nulos riesgos propios.