La comarca de Valdeorras vio con sana envidia como las obras para conectar Celanova y Ourense por autovía comenzaban esta semana. Los valdeorreses llevan años reclamando una vía de alta capacidad que les una con la capital provincial y con Ponferrada. Esa es, dicen, la entrada natural a Galicia. La decisión política de poner en marcha esta autovía, la A-76, fue tomada hace casi un lustro pero desde que se inició su tramitación, el trazado ha provocado conflictos entre partidos políticos, comarcas y grupos ecologistas.
El primer borrador, dado a conocer en el año 2006, ofrecía varias alternativas para los distintos tramos del recorrido, pero las disputas se centraron en el que va de O Barco a las cercanías de la capital ourensana. Plataformas que aglutinaron a ayuntamientos, partidos, empresarios, sindicatos y asociaciones de todo tipo del oriente ourensano por un lado y del sur de Lugo por otro se disputaron con movilizaciones ciudadanas el paso de la A-76. El peso de José Blanco como ministro de Fomento terminó decantando la balanza a favor de los lucenses. Este enfrentamiento restó protagonismo a las dudas en torno al tramo Ponferrada-O Barco, ahora en discusión porque el trazado elegido invade el parque natural de la Serra da Lastra. Varios grupos ecologistas hicieron desde el principio campaña contra una infraestructura que afectaría a 25 hectáreas de un espacio protegido de alto valor natural con tres viaductos y un túnel. Esta movilización no contó, sin embargo, con el mismo respaldo ciudadano que las organizadas desde Trives o Monforte y sus reivindicaciones acabaron cayendo en el olvido. Por eso, la noticia de la oposición de la Xunta al trazado ha causado sorpresa. Quienes se oponían al «desastre ambiental» que, según aseguraban, se provocaría en A Lastra, dudan sobre el verdadero motivo del nuevo posicionamiento del gobierno autonómico.