Empieza a verse la luz en Club Ourense Baloncesto (COB). El presidente de la entidad, Jorge Bermello, ha dicho en la asamblea, a través de persona delegada, que está dispuesto a comprar las acciones que tiene el Concello de Ourense (que son los 107.546 ourensanos censados) en la sociedad anónima deportiva. Es una decisión plausible pues no era precisamente de fina estampa que un empresario de pro como Jorge Bermello estuviese suplicando en Concello y Diputación dádivas provenientes de los impuestos públicos. Un empresario de pro lo que hace es regirse por las leyes del mercado y éstas dicen que las acciones de las sociedades anónimas están para ser vendidas y compradas. Bien haría el BNG (al fin y al cabo el único que mantiene la cordura en este asunto) firmando el contrato de venta de inmediato. Pero no «por unha peseta», como quería deshacerse de ellas Baltar en el 2001, y sí por su valor registral que, si las cuentas no engañan, y a tenor de los últimos datos publicados, son 30,05 euros por acción. Jorge Bermello, con una inversión de 138.230 euros se hace con las 4.600 acciones del Concello y las gestiona como estime oportuno. Y bien haría en hacerle idéntica oferta a la Diputación. En Ourense, millones de euros públicos, tan necesarios para otros fines, han sido enterrados ya en el COB y en C D Ourense. Un buen empresario, como es el caso, gestionará el COB como gestiona sus empresas y lo llevará a cotas de éxito. Lo que no puede ser es que se intente que desde despachos públicos se llame a empresas privadas para instarles a que inviertan en el COB. ¿A cambio de qué? ¿Cómo se llama eso en el Código Penal? Debe ser el presidente Bermello el que pida a los empresarios que se asocien con él en la seguridad de que, merced a su gestión, encontrarán rentabilidad a la inversión. El tiempo de exprimir la teta pública, con lo que está cayendo, ha pasado a mejor vida. O, al menos, así lo tendrían que ver los políticos electos.