El domingo se conmemoró en el Congreso de los Diputados a las víctimas del terrorismo, entre las cuales, por desgracia, hay ourensanos, siendo conocido para todos el caso de Miguel Ángel Blanco, un hijo de emigrantes que, para los ojos criminales de ETA, cometió el único delito de ser concejal del Partido Popular en la villa vizcaína de Ermua. Pero hay otro ourensano del Ribeiro que hasta la fecha de hoy, al menos para mi conocimiento, no tiene ninguna lápida conmemorativa en su pueblo natal, As Cortes, en el Concello de Leiro. Hablo de Luis Candendo Pérez, obrero de la factoría Altos Hornos de Bergara, militante de UCD de Guipúzcoa y asesinado el 9 de noviembre de 1978 a las siete de la tarde en el interior de su coche frente a su casa familiar en la localidad guipuzcoana de Antzuola. Llevaba más de 25 años en la empresa, era enlace sindical y hablaba perfectamente euskera. Un accidente laboral le provocó años atrás la imputación de una pierna, circunstancia que le impedía moverse con normalidad. Dejó viuda, María Luisa, y a tres hijos Óscar, Juan Luis y Elena. En la actualidad Óscar es un músico de prestigio, organista para más señas, al cual podemos encontrar en diversos puntos de España y Europa dando recitales y conciertos. El Ribeiro tiene una deuda sin saldar con su pasado reciente. Estamos a tiempo.