Moncho Borrajo es un profesional. Por eso ayer, como pregonero de Xantar, cumplió con lo que se esperaba de él. Hizo una loa a la buena mesa, invitó a disfrutar del salón gastronómico (en gallego, en castellano, en francés y hasta en catalán) y, como el cómico que fue, es y seguirá siendo, movió a la carcajada. Los políticos volvieron a ser el centro de su diana dialéctica. Desde la primera frase: «Me han pedido que sea breve pero eso es como pedirle a un político que se levante de la silla. No quiere por si no le dejan sentarse de nuevo de nuevo». Borrajo no habla claro. Habla transparente. «Ay, el día que saque yo la lista de la Xunta», bromeó en alusión a una homosexualidad que nunca ha ocultado .
Tras asegurar que para él el polbo siempre será pulpo entró con su discurso hasta la cocina. «Comendo ben, vívese mellor. Pero comer ben non é comer moito. Aínda que os galegos temos no maxín, polas nosas nais, o de non deixar nada no plato».
Para Moncho Borrajo los ingredientes de la buena cocina son tres: material de calidad, tiempo y amor. Pero tiene más enumeraciones para definir, a golpe de paladar, a Galicia. «Cando me preguntan de onde son digo que da terra das cinco pes: pan, patacas, porco, peixe e pulpo... e a xente pensa: ¡menos mal que non seguiu cas pes!», dijo aliñando la autoestima gastronómica con el picante del humor. Por lo que se refiere a la guerra entre tradición y modernidad en los fogones, Borrajo declaró la paz: «Temos que beber das fontes de antonte pero non podemos pechar a billa das novas tendencias».
Para el artista Xantar sabe a feira, a la de la toda la vida, «porque recolle o mellor dos nosos productos». Y brindó, sin copa, por la buena mesa.