Ydícese politicastro, con evidente sentido despectivo, al hablar del político sin partitura y sin discurso. Más o menos dictamina el diccionario. Y que otra cosa se puede decir de un universitario al que se le supone el título, de un alcalde aferrado al cargo con engrudo, de un presidente del no sé qué del desarrollo, de un curtido en munguir las ubres públicas desde los tiempos del potaje con tocino, que no aprovecha las páginas de un periódico para exponer la problemática de su municipio, para desgranar el programa de su partido, para presentar los proyectos de la institución que dirige, y se dedica a contestar al periodista y a esconder la mano, ejerciendo de correveidile del peperetismo paleto que señala a Madrid y a Santiago, que también, como responsables del subdesarrollo de Ourense sin conjugar el yo mismo. Y bien está que reclame discriminación positiva, equilibrio territorial, atención de los gobiernos Central y Autonómico, pero después del calculado ejercicio de victimismo y lavado de manos, que el susodicho, adláteres y padrinos se miren el ombligo y se destierren como gestores que fueron y son del desempleo, la despoblación y la ruina de la provincia. Y dícese de José Manuel Freire Couto.