Alos 99 años dijo adiós Ernesto Sábato. El escritor argentino, en tan dilatada existencia, dejó muestra de sus convicciones ideológicas y de su lucha en pro de un mundo mejor. Ayer, 1 de Mayo, se celebró en Ourense, con menos de mil personas participando, el Día del Trabajo. En una provincia con 335.219 vecinos (108.673 en la capital) de los cuales 28.000 están en el paro, es significativa la resignación a ser sujetos pasivos ante lo que acontece a su alrededor. No ven las manifestaciones como un acto reivindicativo frente a los gobiernos que nos empobrecen y sí como una fiesta de los sindicatos que, a su vez, van separados como si la crisis no golpease al unísono al trabajador. Al coincidir en la misma fecha el entierro de Sábato y la inhibición de los ourensanos, es oportuno recordar las sabias palabras del escritor: «Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad y es no resignarse». Por lo visto ayer en Ourense, la resignación inunda a miles y miles de personas que creen que las soluciones a sus problemas vendrán de los demás mientras ellos se cruzan de brazos. Sea a la hora de reivindicar una estación del AVE o un empleo dignos, los ourensanos olvidan, como decía Sábato, que «si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa». Ourense muere no por la mala acción de sus gestores, que también, sino, y sobre todo, por la enfermiza resignación de sus miles de moradores.