El último domingo del pasado mayo se celebró en Castrelo de Miño la feria mensual inventada, con gran criterio y sabiduría, por el actual alcalde, el nacionalista Xurxo Rodríguez Méndez, que acaba de renovar mandato con una mayoría absoluta trabajada y merecida. En una carpa del recinto, los políticos del BNG organizaron una paparota -la demoníaca aportación de Fraga, en veinte años, a este país nuestro entregado, cautivo y debecido- e, increíblemente, acotaron un espacio. No solo eso. En ese lugar colocaron sillas, manteles y todo lo necesario para una mesa bien puesta. En el resto, mis vecinos comieron en bancos corridos y sin manteles. En la Francia prerrevolucionaria, eran los sans culotes; en Castrelo como los llaman, ¿los sin manteles?
Mi amigo «Xurxiño» se nos hizo clasista y milita, para nuestra desgracia, en «La Patria, Fueros (privilegios) y Rey». Salvo que el tabernero sea un pelota y los haya querido agasajar, si fue ese el motivo, el alcalde tenía que haber mantenido los principios irrenunciables de la igualdad.
Coincidimos todos los demócratas que quedamos, cada vez menos, que «PSOE y PP a misma merda é». Y el Bloque, ¿é ou non é?
¡Servilletas para todos, ya! ¡Y gratis!