Defender causas divinas

Antonio Nespereira

OURENSE

sta provincia de algo más de 330.000 habitantes, con más de 25.000 parados, con una población envejecida, en la que un tercio de los moradores tiene más de 65 años, con una tasa de paro juvenil de casi el 40%, con un porcentaje altísimo de éxodo de chavales que buscan horizontes profesionales y laborales fuera, con 51 ayuntamientos que no han sido capaces de invertir un euro en lo que va de año, con una desertización del rural galopante, también tiene otros problemas, no menores precisamente. Los feligreses de algunas parroquias de Piñor exigen el regreso de un cura suspendido de sus funciones por ser concejal electo en las pasadas municipales. Conmueve observar a vecinos de la provincia encontrar un motivo para la protesta, lanzando iracundas proclamas contra la Iglesia, hasta el punto de decir que no volverán a misa mientras no regrese el párroco. Una diócesis que lleva más de un año con un obispo interino no se pregunta qué pasa en la jerarquía eclesiástica para que no encuentren un sustituto a Quinteiro, pero sí se manifiesta porque un cura ha sufrido un correctivo de sus jefes por jugar a la política. Aunque, bien mirado, que un pueblo se levante apoyando a su sacerdote no está mal. Quizá es una prueba de que los feligreses ya son capaces de movilizarse por las cosas espirituales y han renunciado a hacerlo por las cosas terrenales. A fin de cuentas, cuando ya no se está a bien con los políticos, hay darse a valer por las causas divinas.

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