Suindor y Xero son nombres que identifican a dos empresas que un día pusieron sus ojos en Ourense para sacar dinero de los bolsillos de los contribuyentes. La primera era una firma creada en 1999 por un empresario madrileño para vender suelo industrial, construir balnearios y relanzar Ourense merced a un convenio firmado con la Diputación que era la que ponía la pasta. Baltar reconoció una década después: «Aquilo foi un engano e resultou que en lugar de traer inversións querían conseguir cartos». Doce años más tarde, estamos en las mismas. Al menos, en unos prolegómenos similares. Antes de las elecciones municipales se vendió a bombo y platillo que en Melón se instalaría una fábrica inglesa de coches ecológicos (el decir eléctricos da lugar al chiste fácil, ya realizado por Pachi Vázquez, de que la fábrica devino en una de «cochitos eléctricos»). ¡Incluso el conselleiro de Industria dijo que el prototipo del vehículo circularía el pasado mes de mayo! Después se supo que el concello elegido (¿qué rigor empresarial denota esta circunstancia?) carecía de terreno suficiente disponible. Ahora trasciende que los empresarios ingleses dicen que o obtienen dinero público ya o se van con el «cochito» a Cochinchina. La sucesión de «novedades» parecen dibujar las páginas del cuento de la lechera del siglo XXI en el que, ¡oh casualidad! están los mismos personajes y las mismas siglas políticas. Ojalá que este cuento termine con el clásico «... y comieron perdices».