«La comida de hoy no tiene el mismo sabor de la de antes»

antonio nespereira OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Sevillana de nacimiento, es ya «socialmente una ourensana más»

22 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

En el discurrir de la conversación se les escapan algunos vestigios, ya pocos, del acento andaluz. Encarnita Tosar Checa nació en Sevilla pero, como confiesa, ya se siente «socialmente ourensana». Su primer apellido es gallego y el segundo, castellano. Son pruebas evidentes de una especie de mestizaje que arrastraría durante su vida. Nació en la capital hispalense, se casó «con un chico de Bilbao (Rafael García Iturri) al que conocí cuando hacía las milicias universitarias en Rota», se trasladó a Bilbao, pasó un par de años en Madrid y lleva ya unos treinta en Ourense.

Llegando del País Vasco, esta ciudad le obligó a una adaptación necesaria a una capital más pequeña «pero ha cambiado mucho y para bien», dice. Y ese acento andaluz ya muy difuminado «aún me salía cuando hablaba con mi madre por teléfono». Encarnita estudió en un colegio de monjas en Sevilla «en lo que es ahora la capilla del Cristo de los Gitanos, propiedad de la Duquesa de Alba». La fundadora de la orden era francesa y aprendió el idioma, que domina con soltura: «Mi padre siempre quiso que yo estudiase idiomas», recuerda, una decisión que transmitió a sus seis hijos, que hablan inglés con facilidad.

Seis hijos, sí, algo impensable en la actualidad. Ella, que afirma sentirse plenamente realizada, reivindica el papel ya no solo de la madre de familia, sino de ama de casa. «Hay que tener mucha organización y método para llevar una casa con seis hijos», sentencia.

Cocinar

Una de las cosas que más le ha hecho feliz (y le sigue haciendo) ha sido la cocina. Con ocasión de sus bodas de oro los hijos «en secreto» se fueron apropiando de una pequeña parte de los cuadernos en los que fue atesorando recetas, muchas de ellas heredadas de su familia, para elaborar un libro, por cierto muy bien editado. «Mi afición me viene por mi abuela paterna», reconoce, y se ha ido enriqueciendo con otras aportaciones familiares.

Afirma que cocinar «es como hacer un viaje, muchas veces gozas más de los preparativos que del propio viaje». Su marido, miembro de la Academia Gastronómica, aporta semanalmente al colectivo parte de las enseñanzas que recibe de Encarnita. Rafael reconoce que «cuando me toca cocinar, lo que preparo en la sesión del martes lo ensayo con ella antes el domingo».

Estar entre fogones es para ella «una afición placentera», lamentando que «hoy en día no haya más tiempo para cocinar». Encarnita, que ha labrado su paladar en muchas mesas, no deja de reconocer también algo que seguro encontrará coincidencias ajenas: «La comida de hoy no tiene el mismo sabor que la de antes, de hace treinta años, por ejemplo».

La conversación transcurre a la hora del aperitivo en uno de sus rincones: el parque de San Lázaro. Vivió en un edificio próximo y define este espacio público «casi como una prolongación de la sala de estar de mi casa». Aunque hoy su morada está en otro lugar, el barrio de As Lagoas.

Encarnita Tosar Checa.

Ama de casa y cocinera aficionada.

El parque de San Lázaro, porque vivió en uno de los edificios próximos a este espacio, al que define como una especie de prolongación de la sala de estar.