Tres ejemplos de éxito de sociedades laborales fundadas en Galicia
02 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.En las empresas laborales, la mayoría del capital social debe estar en manos de los trabajadores, que, si son socios, deben ser indefinidos. Tienen que contar con un mínimo de tres fundadores, y al menos dos deben ser empleados de la firma. Aunque disfrutan de ciertas ventajas fiscales y en las cotizaciones a la Seguridad Social, funcionan como cualquier sociedad mercantil. En Galicia hay varios ejemplos exitosos de empresas laborales en varios sectores productivos.
Torsolcal (VIGO)
«No hay mejor fórmula para fomentar la creación de empleo estable y de calidad»
Eduardo Salido es abogado, tiene 41 años y hace diez decidió apoyar a su padre y a su hermano, que trabajaban en una industria naval de Vigo, para formar junto a otro compañero una empresa auxiliar del sector. El primer año, cuando fundaron Torsolcal con un capital social de 15.100 euros tras acogerse al pago único del subsidio de desempleo, facturaron 57.000. Hoy ya son 22 socios trabajadores, porque han ido ampliando la firma abriendo su capital a otros empleados, y el año pasado facturaron 1,14 millones. «No hay mejor fórmula que esta para fomentar la creación de empleo estable y de calidad», cuenta Eduardo. No es empleado de Torsolcal, sino socio capitalista, y preside la Agrupación Empresarial de Sociedades Laborais de Galicia (Aesgal). Asegura que muchas empresas convencionales de la comunidad ya tienen «de hecho», todas las características de esas firmas: «En el 95 % de las empresas gallegas, los socios son también trabajadores».
Corplama (FERROL)
«Hay que confiar en uno mismo, merece la pena pelear por lo tuyo»
Alberto Plaza fundó Corplama hace año y medio junto con otros cinco compañeros, que venían de dos empresas de la construcción afectadas por la crisis. Tiene 39 años, lleva trabajando desde los 16, y afirma que todo marcha mejor incluso de lo que habían pensado. «Hay que confiar en uno mismo, merece la pena pelear por lo tuyo», cuenta, para explicar cómo se atrevieron a lanzar una empresa de materiales justo en el peor momento para el sector del ladrillo. Defiende que la fórmula de las sociedades laborales es la idónea para profesionales como él y sus compañeros, pero advierte que «está pensada para gente trabajadora». «Hay mucho más compromiso. Yo llevo cuestiones administrativas, pero si tengo que salir de la oficina y ponerme a cargar sacos, lo hago», apunta. Además de sus fundadores, Corplama cuenta hoy con un trabajador indefinido y otros dos eventuales, que llevan seis meses en la compañía. «Y estamos pensando en convertirlos en socios», concluye Alberto.
Firmoldes (ourense)
«Si empiezas de cero, al menos que sea para poner en marcha tu propio proyecto»
La empresa de Antonio Viejo, en el polígono ourensano de San Cibrao, cerró en el año 2009, y, en medio de la crisis, dejó en el paro a sus 35 trabajadores. Pero Antonio y cuatro de sus compañeros, empleados en distintos departamentos de la compañía, decidieron que tenían que aprovechar sus conocimientos y su experiencia en el sector de los moldes y de la inyección de plásticos para la automoción. Sencillamente, pensaron que podían salir adelante y vivir de su oficio. «Teníamos una media de 43 años, y a cierta edad no te apetece mucho empezar desde cero. Si lo haces, al menos que sea para poner en marcha tu propio proyecto», narra.
Al principio no tenían clara la forma jurídica que más les convenía, pero finalmente optaron por hacer de Firmoldes una sociedad laboral porque se ajustaba a la idea que ellos tenían de compartir el trabajo, el riesgo y la responsabilidad.
«La gran ventaja es que cualquier decisión la tomamos por mayoría, y por eso hay una implicación total de todo el personal de la sociedad. La desventaja es que la toma de decisiones es un poco más lenta, pero el hecho de crear debates no es del todo malo. Cuatro ojos siempre ven más que dos», argumenta.
Antonio tiene claro que él y sus compañeros son emprendedores, aunque no duda en desmitificar la imagen que se ha dado a esa figura.
«Hay que tener un proyecto, pero también estar dispuesto a sacrificarse y a trabajar duro, porque una idea, por si misma, no vale de nada. El 99 % de quienes montamos una empresa no somos Steve Jobs, pero la mayoría sí somos buenos profesionales. Y de eso se trata: de que podamos seguir siéndolo», subraya.
En un solo pago
Las oficinas del Servicio Público Estatal de Empleo (SPEE) ofrecen información completa sobre cómo pueden acogerse los trabajadores al sistema de pago único de la prestación por desempleo, que permite obtener en un solo abono la suma de los pagos mensuales del subsidio. También se puede recurrir al servicio de atención telefónica en el 901 119 999 o visitar la web del servicio en la dirección http://www.sepe.es/contenido/prestaciones/ag00e.html.
Los requisitos del pago único son ser beneficiario de una prestación contributiva y tener pendientes de recibir al menos tres mensualidades; no haberse acogido a esa fórmula los cuatro años anteriores; y acreditar la incorporación como socio trabajador a una cooperativa o sociedad laboral, o demostrar la realización de una actividad como autónomo.
Capital social
El dinero recibido debe destinarse a cubrir la aportación social obligatoria en el caso de cooperativas o sociedades laborales, o a la inversión necesaria para desarrollar la actividad en el caso de los autónomos.
Una vez percibido el pago de la prestación, el trabajador debe iniciar la actividad laboral en el plazo máximo de un mes, y debe además de comprometerse a presentar la documentación que acredite la puesta en marcha de la actividad que va a desarrollar.